UN MUNDO DE QUEJAS PARA EL HEREDERO DE LA FAMA, por G. Jovialiste, escritor (Dr. Eduardo Brieux Clement)

“UN MUNDO DE QUEJAS PARA EL HEREDERO DE LA FAMA”
por
GRAND JOVIALISTE

(Dr. Eduardo Brieux)

 

UNA SATIRA SOBRE EL CARACTER HUMANO Y EL MUNDO DE LA RADIODIFUSIÓN

 

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AVISO LEGAL:

UN MUNDO DE QUEJAS PARA EL HEREDERO DE LA FAMA

COPYRIGHT @ DR. EDUARDO BRIEUX.

DEPOSITO LEGAL EXPEDIENTE Nro 165.135.

DIRECCIÓN NACIONAL DEL DERECHO DE AUTOR.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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Epígrafes:

1. – “LAGRIMAS: SISTEMA DE RIEGO PARA QUE FLOREZCA LA COMPASIÓN AJENA”

2. – “RECIPROCIDAD : PRESTEZA EN DEVOLVER EL MAL QUE SE RECIBE”.

En pags. 65 y 91 recíprocamente de DICCIONARIO DEL DISIDENTE por ARMANDO CHULAK, ilustrado por LANDRÚ, Quinqué ediciones, Buenos Aires, 1.967.

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3. – “SI BUSCAÍS LOS MÁXIMOS ELOGIOS, MORÍOS”

En pag. 64 de MÁXIMAS MÍNIMAS por ENRIQUE JARDIEL PONCELA, Editorial Latino Americana S.A., México, 1.963.

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4. – “COMO ES SABIDO LOS ARGENTINOS TIENEN UNA VERDADERA DEBILIDAD PORQUE SE LES DIGA SUS MÁS RECÓNDITOS DEFECTOS Y A LA VEZ QUE SE LES RECUERDE QUE, CON DEFECTOS Y TODO, SON LAS PERSONAS MÁS MARAVILLOSAS DEL PLANETA.”

(Del libro “LA RISA DE LA RADIO” por ALICIA GALLOTTI, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1.975, pag. 23).

 

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PARTE I – UN MUNDO DE QUEJAS.

Cierto día alegre, la emisora LRMIL NUEVA RADIO AÑARES decidió crear un triste programa de quejas que se llamó: “LIBRO ORAL DE QUEJAS DIVERTIDAS”.

Buaaaaah…. Qué sueño….Parecía un programa entretenido, como cualquier otro de los tantos que en la radiofonía extranjera se escuchan a diario por criaturas denominadas oyentes, aunque sean sordomudas, o no te escuchen nada porque no se detienen de hablar todo el día.

Puede afirmarse que la mayor parte de los diarios de cualquier parte del mundo en algún momento de su vida fenecida dispusieron de una Sección o de una Columna de Cartas de Lectores para reclamos y quejas.

Que eran por lo general de espacio reducido, una columna, una página, y apenas todo el diario si quien las escribía era el director. En definitiva, tenían un sitio donde cualquier tribuno de la palabra escrita pudiese asentar un reclamo, o una queja; y pudiera pontificar al resto de los lectores sobre tal o cual cosa, o sobre la ausencia de las dos.

Era y es una manera lógica y natural de descomprimir las animosidades personales y las tensiones sociales y culturales producidas por los irracionales conflictos que abundaban y subsisten en el complicado mundo moderno con ideas y formas de ser guerreras.

Quiero que se entienda la diferencia: No es que me oponga, sino que tengo un punto de vista totalmente contrario a la queja.

No obstante, opino que muchas veces una queja oportuna contribuye a la solución de un problema, y expresada a tiempo: Evita males graves, peligros mayores, y hasta quejas colectivas de una muchedumbre de quejosos.

Otra veces es virulenta y contagia a muchos, y entonces la sociedad por un lapso padece una epidemia de quejas o de protestas.

Y fuera de tiempo, crea el problema de la queja inútil.

Veis las nubes en el cielo. Cada una de ellas en el aire es una queja desoída que finalmente se eleva al cielo en busca de una solución divina, caso que exista un supremo Creador De Quejas.

Otra cosa diferente es incentivar los reclamos y las quejas como formas iguales y normales de expresión del público.

No sé. O sí lo sé, tal vez mi manera de pensar haya sido influenciada por la letra de un tango que me gustó siempre.

Se llama CALLA, y este tango fue compuesto en 1.955. La letra le pertenece a don MANOLO BARROS (MANUEL BARROS) y la música es de ROBERTO RUFINO, y dice así en sus partes pertinentes:

“YO NO SOY QUIÉN PARA JUZGARTE.

SI FUERA DIOS TE SALVARÍA.”

…………………………………………….

“QUIÉN ES EL PURO QUE SEÑALA.

DÓNDE ESTÁ EL JUSTO QUE CASTIGA.”

…………………………………………….

“¡CALLA!”

“NO LLORES, ES LA VIDA.”

…………………………………………….

“¡CALLA!”

“TU CULPA ESTÁ EN LA VIDA”.

“¡CALLA!”

“NO TIENEN CORAZÓN”

…………………………………………….

“QUÉ PUEDO HACER PARA SALVARTE.

SI FUERA DIOS TE SALVARÍA.

DÉJAME QUE TE ABRACE”

…………………………………………….

“¡CALLA!”

Yo mismo, confieso que en alguna repartición o empresa alguna vez pedí el LIBRO DE QUEJAS, y NO ME CALLÉ NADA.

Otras muchas veces, me ganó la compasión. Pero soy algo desmemoriado, recuerdo una sola vez.

Como acabo de explicar no soy reacio, sí otras cosas, y no me opongo a la existencia del reclamo y de la queja justa, medida; y muchas veces inevitable, desgraciadamente.

La más de las veces. (Si no estás de acuerdo puedes quejarte).

Lo que sí siempre me ha llamado la atención y me ha hecho pensar que en general la sociedad es declaradamente negativa, es el hecho evidente que hasta la fecha en ninguna parte he hallado un LIBRO DE ESTÍMULOS, o un LIBRO DE ELOGIOS, o un CUADERNO DE ELOGIADOS, de lo que me quejo.

Aunque, cada tanto suelen existir los PREMIOS y los LISTADOS DE LOS PREMIADOS.

Pero me refiero específicamente a un sitio escrito donde pudierais asentar vuestras felicitaciones o vuestras loas, ya sea sobre el trato recibido, o sobre otro aspecto importante del lugar en cuestión, o sobre un trámite efectuado o por realizar, o especialmente sobre mí mismo, que después de todo generalmente merezco algún elogio, y alguna vez el vuestro.

Cuando en alguna oportunidad, motivado por el trato exquisito recibido yo en nombre de vosotros lo he solicitado, por lo general me han mirado con cara de asombro, y me han lanzado una mirada de desconfianza.

Y cuando en su defecto pedí el LIBRO DE QUEJAS, me han dicho que no corresponde dejar constancia de encomios ni de panegíricos en tales libros reservados exclusivamente para la sacrosanta función de quejarse.

Porque han insistido que de ninguna forma se los debe desnaturalizar con algo que está totalmente fuera de su finalidad específica: La queja.

Acto seguido se ha hecho presente SEGURIDAD.

Y luego de tomarme las huellas dactilares, y con una luz intensa de enfocarme los ojos de lo que me he quejado, de tomarme fotos de frente, de media cara, y de perfil que salieron bien por lo que no me quejé, una y otra vez incansablemente me han interrogado sobre si el empleado o funcionario ponderado era mi pariente, o era mi amigo.

Y quisieron saber imperativamente desde cuando lo conocía, hasta que para que me dejaran en paz confesé que tenía muchas ganas de quejarme del episodio.

_ Es por tu culpa – me respondieron.

No obstante, prosiguieron averiguando quién era yo, qué hacía, y cual era mi relación con lo que había pretendido enaltecer.

[ _¿;Lo haces muy seguido?

_ Es mi primera vez señor. ¡No se va a volver a repetir!

_ Eso está mejor. No nos gustan los reincidentes. ¿;Estás dispuesto a firmar esta incriminación de culpabilidad?

_ Por supuesto. ¿;Dónde hay que firmar?

_¿;Sabes firmar?

_Dónde pongo la cruz.

_ Mandinga: ¿;Qué cruz?

_ Disculpe señor, lo que usted diga.

_ Abre la boca y sella con el tridente, hijo. ]

Y finalmente cuando ya me vieron al borde del colapso me instruyeron concienzudamente sobre la necesidad de abandonar mi personalidad actual tipo “atípica”.

Y además insistieron que no me equivocara, y que errara, que los candidatos a mi apología, los procedimientos dignos de ser destacados, no eran tan óptimos como suponía, y que mucho menos bueno era cultivar la propia egolatría.

En definitiva, se han opuesto; y he debido retirarme con este mal resultado, del que me quejo por supuesto, si es que alguien toma en cuenta esta queja.

Quiero explicarles que la iniciativa de la creación del “LIBRO ORAL DE QUEJAS DIVERTIDAS” se debió a una iniciativa del asesor artístico de la emisora, don Crispín Ayayay.

Autor del tristemente célebre diccionario “PEQUEÑO LÉXICO PARA EL QUEJOSO”, y del libro “QUEJESE DE TODO PERO NO CONSTANTEMENTE DE MI”.

Yo sospeché siempre, y a ratos después de descansar, que detrás de su idea maldita se escondía su miserable y mezquino interés personal por aumentar espectacularmente las alicaídas ventas de librería de sus dos creaciones deleznables, ambos récord en venta y best seller del año.

La necesidad, (¡ay, la necesidad!) y mi condición de constituir el Locutor de la Voz de León sin cabellera ya que soy calvo, me constriñeron a aceptar el cargo de conducir esa audición insalubre y dañina para el oído, la boca, el corazón, y sobretodo para la mente de cualquiera.

Y caramba, evidentemente antieconómica, ya que todos disponen del gratuito lamento personal.

Pero con seguridad beneficiosa para los bolsillos de algunos circunstanciales ávidos del lucro de siempre.

Nunca me agradó que el publico asociara mi nombre artístico honorable LEANDRO LEÓN con ese pequeño rincón amable del odio hablado o escuchado.

Algunos estarán diciendo que soy injusto, que hay quejas justas, que muchas se fundan en verdades, claro que dichas airadamente, o con las ventanas cerradas.

Pero cuántas, cuántas, Dios lo castigue a Crispín quien acaba de ser declarado el EJECUTIVO DEL AÑO y al que muy pronto por su labor en el medio entregaremos el MEDALLON DE ORO AL MÉRITO RADIAL INSIGNIFICANTE, eran la expresión hipócrita de los sentimientos más viles. No exagero. Los conozco muy bien.

Y constituían calumnias e injurias viles, y pequeñas diatribas destructoras, producto del AMOR más que del odio, por supuesto del amor al dinero. Eh, ¿;qué pensaste?

Nunca piensas nada.

¿;Y cómo distinguir la verdad de la mentira o la mentira de la verdad, o la verdad de la verdad que puede ser mentira, o la mentira de la mentira que puede ser verdad, o peor la verdad de la verdad, y la mentira de la mentira cuando te las sirves en ensalada?

Hay tantas cosas imposibles que son posibles, y otras posibles que son imposibles.

¿;Cómo diferenciar una queja sincera de una insidiosa o una falsa de una verdadera?

Antaño existía un camino para saber la verdad….pero esa senda se ha perdido. Durante cinco días la he buscado….¿;Hay que ir en el otro sentido?

Hecho el mal, clamado por mi voz en mentes desprevenidas, ese mal daba frutos a granel alimentando el mercado negro del rumor calumnioso y perjudicando al de los cuentos chinos.

Un mundillo de oyentes perversos gozaban con el programa, y eran los radioescuchas más asiduos y entusiastas del “LIBRO ORAL DE QUEJAS DIVERTIDAS “.

_ Maníacos.

A la mesa rústica de la emisora todos los días llegaban cartas grotescas con perfume de baño, bombitas de mal olor, o llamados telefónicos anónimos como hojas de árbol caídas, con alegría ensalzando tal o cual queja malévola.

Un momento especial de la audición era LA QUEJA MALDITA DEL DÍA, a la que yo denominaba secretamente:

_ EL MAL DE OJO VERBAL DE LA JORNADA.

Esta queja “premium” recibía paradójicamente muchos encomios.

Era el INSTANTE TOP olvidable, que cuidábamos de llenar con el mayor suspenso, a lo que puedes agregar con la intriga despiadada, con la maldad máxima, y con lo que se te ocurra. No me quejo, estoy seguro que nos superarás, conozco el paño de mi público.

Especialmente fuimos crueles cuando la diatriba falsa tenía como destinatario a algún hombre público probo y distinguido que ahora está en la cárcel, el blanco predilecto para Ayayay.

Siempre sospeché que cobraba por estas campañas insidiosas. ¿;Quién se las encargaría?

¿;Tú? No. No lo puedo creer… ¿;Y qué pasa con Nerón, que últimamente no se lo ve en público?

_ Debes comprender que está en otra.

Cuando eran dichos malos contra un ministro preclaro o contra un hombre público dignísimo no me era difícil darme cuenta de dónde venía la estocada, pues no tenía más que buscar quién era el que más se beneficiaba con los gruesos o delgados denuestos, y con las podredumbres chatas o espesas que sacábamos de la nada como de la galera (por favor lee ciénaga) de un buen mago maligno; pero no tenía la menor prueba que fuera una estocada, podía ser una cuchillada.

¡Además había muchos colaboradores honorarios que con tal de contribuir a ensuciar a alguien (¡caracteres anales!), se apresuraban a hacer llegar sus agudos mensajes o comentarios malévolos! Les era fácil ser profundos.

O por lo menos, burlones, en los días en que no se sentían inspirados y no se estaban tambaleando.

Hasta maestros meritorios, y grandes sabios que con sus vidas abnegadas honraban a la Humanidad no pocas veces eran objeto de ataques asquerosos e inmerecidos.

¿Qué hay con ellos?

_”¡Los matastes!” – era el comentario estúpido que me veía obligado a oír después de esas fechorías tenebrosas.

_Fantasías – les respondía.

Y por si acaso, para no faltar: ¿A qué hora los entierran?

_ ¿;Por qué? ¿Quieres hacerte cargo del cadáver?

¡Valiosa acción! Digna de mi futuro destino en el Infierno. ¿Tal vez como Ejecutivo?

Ciertas reparticiones de la Administración pública y de algunas empresas privadas importantes eran el blanco preferido de verdaderas CAMPAÑAS DE PRENSA ADVERSAS motivadas en intereses bajos cuando no en la lectura de las entrañas de los pájaros.

Y desencadenantes de consecuencias perniciosas y / o de una epidemia psicológica enfermiza en la población, especialmente en la más inculta y desprotegida de este flagelo espiritual dañino que nos aquejaba a todos en tanto estuviera de moda.

Por todos los Santos puestos al revés, aunque parezca extraño como nunca cundía el mal, cundía muy bien el mal.

Y yo, yo contribuía con mi voz dotada, aunque a veces con angina.

Mi función en el programa, con cara de Viernes Santo, era leer los mensajes quejosos, poniendo énfasis en las partes más negativas, es decir en los pasajes más positivos, claro que desde un punto de vista vituperable, para poder llegar rápida y felizmente en cada caso o flagelación a una satisfactoria y deseable crucifixión del sujeto objeto de la protesta o víctima propicia elevada al estrellato de la queja.

Esos conceptos bajos debía destacarlos altamente, y remacharlos con voz potente y resonante, cuantas veces prepotente.

Dándoles su importancia con mi impostación de la voz, y modulando los tonos conforme con la gravedad de los cargos injustos. Haciendo pausas significativas para dar espacio a las conclusiones negativas.

Y a veces mi trabajo lo completaba con comentarios ácidos escritos por Ayayay, los que me limitaba a leer en voz agitada de verdugo que no se acuerda donde puso la soga.

Y por lo general, con un pensamiento íntimo: “No crean nada de lo que digo”.

La instrucción que se me había impartido era : ¡DALES FUERTE! ¡DALES CON TODO!¡LIQUIDALOS! ¡EXTERMINALOS! ¡ES COMO CUANDO ESTÁS REZANDO! ¡PONTE EN TRANCE!

Lo que me producía un malestar inmenso.

_No gracias. – pensaba en mi fuero interno

_¡SÍ SEÑORES! – les contestaba con entusiasmo aparente.

Usábamos los sables de las palabras lapidarias.

¿Qué intentábamos demostrar puerilmente?

¿Qué la “hermosa creación” era una “porquería sucia”?

¿Lo es? ¿No lo es?

Hagan sus apuestas.

Y no se quejen si gana seguramente la “porquería sucia” en vez de la “hermosa creación”.

El juego ha sido limpio. Y la “porquería sucia” vencedora, su “hermosa creación”.

Prosigo incansablemente. Hemos sido colaboradores efectivos de las Fuerzas del Mal, llámanos ayudantes de Satán, de Lucifer, o danos nombre de cualquier Demonio que se te ocurra.

¿Tu nombre de pila?

¿Qué importancia tiene cómo nos llames? ¿Por que sabes las letras del alfabeto te crees que nos puedes poner apodos malos?

Tuve mucho éxito; y una gran Fama, maldita sea.

_ No tanta. ¿;Quién te conocerá en el otro mundo?

Dios me perdone, aunque el remordimiento me acompañará hasta el Día del Juicio Final a menos que le de un poco de recreo.

_ Tienes derecho a las vacaciones anuales pagadas.

Disculpen, o perdonen si también ahora yo peco de ese mal terrible: La queja.

Y me queje de todo esto que ya me pasó; y me estremezco, ya no me puede pasar más, quejarme.

Pero….ay….¿Por qué el hombre ha de quejarse si le pegan en una mejilla? ¿;Acaso no debe presentar la otra?

_ Sí, claro. ¡Ya!

_ ¿;Ya? ¿;A qué viene tanta prisa?

_ Para quejarse de la segunda mejilla.

_ Pregunto modestamente, y me quejo: ¿;Por qué en vez de quejarse no alaba? ¿;Por qué no ensalza las buenas obras?

¿;Por qué no?

_ ¡Porque me acabo de morder los labios!

No quiero parecer filósofo, que no lo soy, aunque suelo reflexionar sobre la vida; hoy va a ser uno de esos días, escapen:

Si vive en este mundo hermoso (amaneció muy feo), en esta creación bellísima (¿;por qué no pinta esa pared sucia?): ¿;Por que no premia con palabras laudatorias lo que está bien mal, y el que las recibe no se queja de la falta de buen efectivo? ¿;Y qué es lo que está bien? No sé….(Debo meditar).

¿;Hijo? ¿;Eres tú?

¡Cuánto bien se hubiese hecho si la emisora hubiera creado un “LIBRO ORAL DE ELOGIOS Y DE ELOGIADOS”.

Hubiera sido un programa estupendo, optimista, esperanzador, creador de vínculos humanos hondos, planos, y elevados, motivador de lo mejor. Supongo que no tengo razón. No sé.

¡Qué maravilloso estímulo hubiera sido para los que laboran constructivamente por el promiscuo bien común! O al revés.

Un 13 de enero de un año fatídico que marcó mi carrera de locutor profesional y mi vida, amaneció como cualquier otro infernal día de verano.

Ya era un día señalado para altas temperaturas, aunque por la noche frío..

Nuestro detestable audición salía al aire, para agrado de todos o para emponzoñarlos, a las once; y recuerdo que ya a esa hora temprana el calor era insoportable, realmente una delicia para los que aman las temperaturas cálidas.

Y eso que no he vuelto a ver aquellos ojos que me hacían suspirar y sudar en mi juventud.

“EL LIBRO ORAL DE QUEJAS DIVERTIDAS” cumplía su segundo año de vida en la radio y además de mi persona, y de otros dos locutores auxiliares para los anuncios publicitarios, nada menos se encontraba en el Estudio la más alta autoridad de la emisora, un hombre bajo dentro de su innegable superioridad de etiquetarse como el chico de la limpieza y a la vez director general.

Y por supuesto, Crispín Ayayay. A este ser monstruoso le gustaba ver todos los días un sacrificio humano…. radial, o radiante, no hacía cuestiones semánticas ni gramaticales.

Al comenzar el programa el Chico de la limpieza, luego de pasar un trapo por el micrófono, pronunció unas palabras breves alusivas refiriendo sintéticamente que LRMIL NUEVA RADIO AÑARES con la propalación de nuestro abominable programa cumplía una alta función cultural y social y no sé cuantas otras cosas más que servían para cubrir las necesidades más legítimas de sus bajos instintos, y de la comunidad de los bajos fondos, etc, etc, y como ruido de bambalinas se podía oír afilar cuchillos.

Concluyó su discursito objetivo; y luego a mí me tocó comenzar con nuestro habitual programa más subjetivo.

Y con la difusión de una ristra de cartas quejosas virulentas.

Entiendan. Palpaba un ambiente pesado alojado livianamente en esa sala.

Si no me creen llamen a un Exorcista. O no lo llamen si hay que quejarse para que venga. Más pronto o más tarde también él acabará por quejarse que no lo hayan llamado.

Sepan que la queja siempre estará en el aire. Y si no hay aire, por la falta de aire.

Debo informarles que la mecánica de la audición imponía mi ignorancia absoluta y total sobre el contenido de las vitriólicas misivas con el fin que en lo posible las lecturas y los comentarios fueran quejas calculadamente espontáneas.

¡Qué disparate! ¡El culto de la queja!

Otra de las grandes ideas de Crispín Ayayay, un innovador en el medio, un creador de tantos programas culturales. El mundo le debe muchas quejas. El día que ya no esté más entre nosotros sin duda lo reemplazará una estatua con su efigie, un merecido monumento al eterno quejoso.

En aquellos años en LRMIL NUEVA RADIO AÑARES previamente no se censuraba ningún material porque principalmente se buscaba lograr malas improvisaciones y entretenimientos negativos.

¡Lo que buscaban era dar rienda suelta a los instintos sin que ningún otro animal los detuviera!

Unos de los locutores ayudantes iba abriendo los sobres de las cartas (la apertura sonaba como lija), y me entregaba los textos para que inmediata e irresistiblemente los leyera por el micrófono.

Previamente, yo carraspeaba con mi voz ya rayada por el uso.

El director general aún estaba en la sala del Estudio, limpiando en un rincón. Nos sentíamos acompañados. ¿;Esta vez enceraría el piso?

¡Qué trance! Déjame revivir, y morir de nuevo.

Aún recuerdo el texto de aquella primera carta sorpresa que tuve que leer y que decía:

“Señor director general Chico De La Limpieza de LRMIL RADIO ….”.

“Desde los comienzos de esta audición soy un atento y fiel radioescucha de LIBRO ORAL DE QUEJAS DIVERTIDAS, el que a ratos de vez en cuando sintonizo”.

“No me he perdido ningún programa. Es cierto lo que digo. ”

_¡Claro que no!- pensé para mi.

“Porque disfruto de su mensaje rectificador tanto como de las llamas de un fuego.”

_¡Te creo! – me dije.

“Pero debo quejarme del locutor que han colocado. ”

_ ¡Hasta luego, Leonardo! ¡Se viene una queja contra ti, contra mi! – me la vi venir a la pelotita de tenis, y no podía atajar, me tocaba sacar.

“He pensado con cuidado todo lo que voy a decir atropelladamente ya que la emoción me desborda de rabia por una cuestión de hidrofobia”

(Se oyó un sonido de violín chirriante. ¿;O sería un colectivo en la calle? No; alguien comía en el restaurante de enfrente)

“Ese hombre: ¿;Qué está haciendo en esta audición?”

(El Encargado del sonido hizo un silencio como pausa o tal vez una pausa como silencio).

“Su voz da nauseas, no solamente a mi sino a cuántos conozco, también oyentes devotos de vuestra emisora. ”

(El Departamento Musical puso como fondo un redoblar de tambores. De no ser así, puso

otra cosa)

“¡Somos miles en este anochecer de los tiempos que despierta!”

(Era de día, sin embargo la luz del Estudio titiló. O cerré los ojos temiendo el golpe siguiente)

“Este locutor no saber proferir las quejas con la emoción debida, no nos transmite el sentimiento esencial del dolor de una protesta, no nos proporciona el placer del dolor ajeno, gozo que nos motiva para oír el texto de las cartas de otros que se están quejando de nosotros, y que nos importan un comino. ”

_(¿;M……?) – no pude menos que proferir esta mala letra.

“Pareciera que este locutor con asco inmotivado se tapara las narices cada vez que lee una carta plañidera con queja sentida, y las palabras le salen a borbotones, y como en una estampida, sin explayarse lo necesario. ”

“Es un animal. Un caballo. Un cerdo. Un hipopótamo. Un…..”

(De fondo se oyeron los sonidos de la fauna).

_ ¿;Qué soy? ¿;Un parque zoológico? ¿;O tengo fiebre? – me dije atónito.

“Es realmente extraño y desconcertante que esa estación de radio progresista no haya tomado medidas efectivas para alejar a quien transmite vibraciones al aire incompatibles con lo que lee.”

_” Los cantos de los sapos….Me parece oírlos…”.- No soy sordo, les aseguro que interiormente los escuchaba.

(Evidentemente, el Encargado del Sonido no era mi amigo).

“Este locutor estropea nuestro encuentro emocional de cada día que debiera ser grato o placentero en todo sentido. ”

(De fondo se oyeron aplausos prolongados).

Luego venía el saludo. Y tuve que leer como firma el nombre y apellido de un ex “amigo” de la infancia.”

Pensé : _ ¡Sinvergüenza envidioso!

Claro, que de mi exitosa situación profesional.

Todavía falta algo más: El papel de la carta olía a fango. ¡Y no estaba soñando, sino en la radio, que te hace imaginar las cosas!

Y entonces no pude reprimir un vómito ruidoso que cayó sobre el mismo micrófono.

El director general limpió.

Y luego se retiró llevándose a sí mismo con mi donación en sus dos manos.

Alcancé a oír su QUEJA: ¡Miren lo que ese individuo ha hecho con el costoso instrumental de la casa ayer mismo comprado en “Todo por un dólar”!

Por mi parte, sorprendido y perplejo, me hallaba tan descompuesto, que la voz me salía tranquila y desmayada.

_ ¡Coloso! ¡Qué vergüenza!

No pasó una semana que el mundillo de perversos que acompañaba fielmente cada emisión inundó la emisora con una tonelada de cartas repulsivas e inmundas con observaciones denigrantes sobre mi voz y mi persona.

También llegaban mailes, y faxes, en razón del contagioso entusiasmo enviados por mi mismo.

En realidad, no fueron tantos, varias decenas.

Y se recibieron muchas cartas y telegramas de pésame de mi familia, allegados, amigos, y uno mío para recordarles que existía aún.

_ Hombre: ¿;No eras ya fiambre?

Como las quejas proseguían más y más, y especialmente por consejo de Crispín Ayayay quien se solidarizó con los quejosos enviando en lienzo de mortaja su propia misiva de queja, la Emisora luego de cabildeos prolongados sin más optó por despedirme enviándome un telegrama de queja firmado por un tal DIÓGENES, que decía: “APÁRTATE, NO NOS QUITES EL SOL”.

¡Nunca sabré si alguien se quejó del portazo que les di!

Aunque alcancé a oír que decían de mi: ¿;Qué le pasa? ¡TIENE MALAS PULGAS!

Fue la última queja que oí…. sin querer, en tanto me rascaba por las dudas.

Y no me podía quejar….¡No tenía ya dónde! ¡DE LO QUE POR SUPUESTO PROTESTO, QUÉ EMBROMAR! ¡DEBE HABER ALGÚN SITIO DÓNDE PUEDA IRME A LAMENTAR DE ESTA SITUACIÓN!

¿;No sabes de algún LIBRO DE QUEJAS dónde pueda ir a reclamar?

NO TE QUEJES QUE TE LO PREGUNTE. ¿;A quién, si no?

FIN DE LA PARTE I.

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LA PARTE II CONTINUA MAS ABAJO.

LUEGO DE LAS FOTOGRAFIAS DE LOS CUADROS DE ADRIAN BROWER (1.605-1.638),

Y DEL PINTOR GRÜNEWALD DEL SIGLO XVI TITULADO “DEMONIOS INFERNALES”,

AMBOS ILUSTRAN “UN MUNDO DE QUEJAS”.

 

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PARTE II – EL HEREDERO DE LA FAMA

Epígrafes:

4. – “ÉXITO: VIRUTA DE LA GLORIA”.

En pag. 46 de DICCIONARIO DEL DISIDENTE por ARMANDO CHULAK, ilustrado por LANDRÚ, Quinqué ediciones, Buenos Aires, 1.967.

5. – “QUE HABLEN DE UNO ES ESPANTOSO. PERO HAY ALGO PEOR: QUE NO HABLEN. OSCAR WILDE.

6. – “¿;QUEREÍS QUE VUESTROS MÉRITOS SE CONOZCAN? ALQUILAD UN COCHE Y CORRED DE PUERTA EN PUERTA: ASÍ ES COMO SE CONSIGUE LA CELEBRIDAD. ECHAOS LA CUENTA DE QUE CONVIENE MÁS SER CHARLATÁN QUE HÁBIL”. J.J. ROUSSEAU.

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A mí, me hubiera gustado ser famoso; y más aún, ya haber nacido famoso.

Así, no hubiese tenido que trabajar para lograr hacerme célebre. Claro está, si lo hubiera conseguido. Bueno, en realidad en cierta medida sí lo he conseguido.

Antiguamente, y aún hoy en día, algunos seres humanos ya eran y son famosos antes de nacer, por ejemplo los hijos de los reyes, o de las estrellas del espectáculo, o de los astros del deporte.

Hasta hace unas pocas décadas para nacer famoso de padres desconocidos había que ser quintillizo, o nacer delante de una cámara de la televisión, o en una situación insólita.

En realidad no me quejo de haber sido un desconocido, porque ahora no lo soy. No.

Soy muy conocido entre mis acreedores, entre los Oficiales de la Justicia, por la Policía, y por muchos Jueces de distintos fueros.

Pero ésta es otra historia, no del todo alegre, que algunos les referirán en los estrados judiciales y otros en el Día del Juicio Final, una fecha más tradicional y conservadora pues veamos falta mucho, tal vez tanto como esta misma noche.

Entretanto, tengan algo de paciencia, y esperen un poco bastante. O bastante poco.

Y en este relato se enterarán también que soy conocido por mi mismo.

¿La celebridad?

Sé que no es metafísica. Vale.

_ ¡Bah! ¿;Qué es la celebridad? – dice mi abuela. (Mira, es la de la boca con la papada, o de la papada con la boca, elige tu).

_ Todas la tienen.

Según ella, es la pequeña ventaja de ser conocido por un montón de desconocidos: Ustedes.

Por supuesto es mujer y como siempre tiene razón.

_¿Qué te importan? ¡Si no los conoces! – me dice con ese tono infalible que usa conmigo desde el minuto siguiente de ser su nieto.

¿;Los conozco yo a ustedes?

Evidentemente: NO. (Entonces: ¿;Qué Diablos hacen aquí? Uh. ¿;Todo lo inimaginable?).

Mi abuela: ¡Tiene razón! Como siempre tiene razón.

¿;Cómo es que siempre tiene razón?

(¿;Nadie me lo dice?)

Mi abuela me lo dice. En realidad no debería. ¡Por sus años!

Y entonces al verme la cara, suele arengarme: ¿;Para que quieres ser conocido? ¿;Para que con el dedo te señalen en la calle? ¿;Para que hablen de ti? ¡Y principalmente de mi, tu abuela, eh!

Y sentencia – ¡Yo quiero vivir en paz! !Que no me saquen los trapos sucios antes de morirme.

¡Y un mosquerío impresionante! _ ¿Cuándo te vas a bañar y morir? ¡Estoy esperando!

_ No te enfades. Cuando el gobierno arregle el problema del agua. Creo que va a ser mi final.

Entonces es decir nunca, porque no se arregla ese problema ni ningún otro, faltaría más.

Dónde manda capitán, no mandan marineros del pueblo. No hablo en serio. Por supuesto que sí.

_ ¡A caballo!

Sin duda es ella. Y hasta hace un tiempo, yo como ustedes, porque no me voy a arrogar todo el mérito, permanecía como un hombre más, un ser oscuro, secreto, anónimo, perdido entre la muchedumbre, que es la única conocida de todos nosotros.

Ahora bien, mejor dicho mal, en mi vida era tarde para fabricar más castillos en el aire. Estaba trabajando con pompitas de jabón.

Mis ambiciones – ¿legítimas o ilegítimas? – parecían haber quedado deshechas por los impedimentos infranqueables de muchas toneladas de oportunidades perdidas.

Y de años y años y años y más años que habían pasado sin pena ni gloria como si fueran segundos en vez de lo que ya no eran. ¿;Años?

Pertenecía a esa mayoría absoluta cuyo nombre y apellido tal vez aparecerá solamente en los medios o en algún diario el día fatal de su inevitable ejecución por la ineludible Parca en persona, lo que esperaba no suscitara envidias.

Recuerdo que en mis años juveniles albergaba el sueño de desposar al Éxito con la Fama en un porvenir brillante, primero como zapatero, y después como dueño de una fábrica de zapatos, luego de una cadena de zapaterías internacionales, y finalmente como único propietario del Monopolio Mundial del Zapato.

¡Qué ingenuidad la mía! ¡La de ese entonces! Aunque lo que ambicionaba fuera muy justo, y seguramente demasiado para que pudiera compatibilizar con la gran injusticia imperante en el mundo.

Adoraba, y todavía amo el ramo de zapatos que para mí es como si fuesen flores de un jardín de los tropiezos.

Pero los zapatos lamentablemente están siempre en el suelo, demasiado bajos para escalar las cimas altas de la Fama y del Éxito.

Aunque los necesitemos para dar paseos hasta las más altas alturas. Para escalar las más altas cumbres. Para llegar al Cielo. Para descender al Infierno. O para dar una vuelta por el Purgatorio. O para rondar como almas en pena.

Ninguno, o para ser más exacto uno que otro, o sea muy pocos, se hacen conocidos como zapateros, excepto ……, y ……., y ……., y ….., y ….., y ……. , y ……., y …….. , y ……, y podría continuar al infinito, claro que sin nombrarlos, porque me carcome la envidia, y me estoy retorciendo todo, convirtiéndome en un zapato en desuso.

Para peor, hasta ahora rara vez se ha organizado un simposio de zapateros, que nos diera un poco de lustre a los otros menos conocidos o sencillamente desconocidos, aunque sea como participantes y con ponencias, no descalzos o en zapatillas vulgares.

Dejo aparte mis vicisitudes personales para relatarles de la vida de mi amigo de la infancia, Leonardo León.

Era un chico excelente al margen de un montón de rasgos odiosos, aunque algo parlanchín, hablador, un loro repetidor, un charlador, en definitiva un charlatán. Por amor del Cielo: ¿;Cuándo se callaría?

La mayor parte de nosotros nacemos gritando, Leonardo León nació hablando. ¡Pero qué falta de tacto! ¡Al nacer hablaba a los gritos!

Claro que en ese entonces ya los chicos nacían precoces.

A los quince años de edad, el Destino nos graduó, nos contrató, y nos separó. Los tres nos dimos la mano, y cada uno se fue por su camino equivocado.

Leonardo, dadas sus condiciones naturales, había estudiado locución, yo compostura de calzado, mi vocación, aunque andando el tiempo la cambié por la Fama.

Y al recibirse de Locutor se inició en una Radio como el Locutor León. Su voz sonaba como un rugido, y en poco tiempo se hizo conocer en todas partes de la selva de cemento, máxime en su época de celo que era todo el año.

El Éxito y la Fama lo cambiaron radicalmente y él también se convirtió en otro ruido más que salió a la luz del día de la sombría espesura de las paredes transparentes de vidrio cristalino de los edificios modernos con vocación futurista.

A pesar que todavía a veces nos solíamos reunir por lo general Él no ya no prestaba más atención a mis zapatos; y pocas veces me traía a la Zapatería algún par (cuando se le gastaba mucho), para que le cambiara la media suela o el taco, y muy de vez en cuando los dos, suela y taco.

La gente cuenta cosas de los famosos, los zapatos que usan, la marca de sus zapatillas, e incluso su preferencia por caminar con los pies descalzos en la propia casa.

León pasó a ser una figura talentosa de los medios, un verdadero genio de la palabra hablada tartamuda, y yo – aunque era el mejor en mi oficio – continuaba como simple zapatero remendón.

No tenía la culpa. Claro, que no era justo. Y más tarde, he podido comprobar que era injusto.

Aquella amistad sincera que no unió de niños se escindió tranquilamente como la cosa más normal del mundo.

¿;Qué otro recurso me quedó? Naturalmente, olvidar la amistad; y olvidarlo; y comenzar a cultivar la enemistad.

No, al comienzo no fue nada fácil.

Por otra parte aquel día de la despedida era su cumpleaños. Y su voz se oía cantándose el “¡Happy birthday to me!”

Y luego, comenzó a resultar posible odiarlo.

Al salir a la calle veía su retrato hasta en los anuncios callejeros.

De todos sus programas debo confesar que el que más me gustaba era: “Ninguno”.

Prendía la radio, e infelizmente lo oía vocear:

_”¿;Le duele la cabeza? ¡Tome dolorollllll y adios al dolororrrrrr de su cabeza! ¡Con dolorollllll olvídese del dolororrrrrr!”

Era desagradable.

Su voz me parecía rara, anormalmente resonante, como si sonara a hueco.

Nosotros, los de la gente común, no hablamos así.

Aunque eso es relativo, si queremos lo hacemos; y mejor, mucho mejor, nada que ver.

El anuncio era muy simple; y la manera complicada de Leonardo de decirlo me parecía horrorosa; pero al parecer debía ser muy efectivo, muy logrado el horror, digno de mi felicitación más efusiva.

Porque a cada rato yo lo oía por cuanta emisora de radio sintonizara. Sí, claro.

¡Y me cogía un dolor de cabeza que me hacía salir corriendo para comprar el famoso DOLORORRRRRR en la farmacia más cercana, a varios horas de viaje!

Por lejos que me fuera, al prender la radio lo oía. Me llevaron a casa. Desde la casa del vecino, con la ventana abierta oía la radio: “¡Con dolorollllll olvídese del dolororrrrrr!”

No podía olvidar, aunque transcurrieron los años.

Finalmente, creo que quedé medio sordo de tanto oír su voz.

Pero al prender el televisor, lo veía a León inevitablemente en un sinfín de interminables anuncios publicitarios que finalizaban cuando de inmediato lo apagaba.

Ahí estaba Él, el elegido por el Éxito y por la Fama. Un primer mes, y un mes siguiente, y otro más son tres si no me equivoco, y ¿;qué pasaba que no le cerraban el programa? Pues que era un programa abierto.

De más estará decir, que por lo general evitaba comprar los productos que promocionaba. No sé si se percató alguna vez.

En una oportunidad para participar en un programa en el que actuaba él envié una carta de lectores.

No es cierto que actuara, en realidad los que intervenían eran los oyentes.

Era un chanta, leía solamente, sin poner corazón en lo que voceaba. No es cierto, no voceaba. Musitaba. Ni tampoco, ni siquiera. Estaba como mudo. Menos. Miraba para otro lado. Me parece que no. Estaba de espaldas. O se había ido.

Creo recordar que se trataba de una audición de hermosos reclamos y de bellas quejas.

Y aproveché la ocasión para quejarme bonito de ciertas cosas feas que en ese programa no me parecían del todo correctas, y sí, totalmente impropias.

Habían circulado rumores vagos con ciertos detalles precisos sobre su forma indiferente de conducir ese programa diferente de alto contenido comunitario.

Como radioescucha ejercí un derecho ciudadano, y un deber insoslayable. Era una queja estrictamente radial.

Expresé todo lo bueno que tenía que decir sobre ese personaje maléfico y me acuerdo que no me devolvió la pelota.

Al poco tiempo desapareció del medio.

Razón por la cual mi nombre adquirió notoriedad, por haber sido quien lo bajó abruptamente de su sitial en el Palacio de la Fama.

En los medios, y entre mis conocidos, yo pasé a ser el hombre que cazó al León.

Vamos, lo conseguí. ¿;Había hecho un buen trabajo? O….¿;Era un león, o un pájaro?

Por fortuna, aunque muchos dirán que por falta de fortuna, me cortaron la corriente eléctrica por ausencia de pago, y después ya no tuve más televisor, y no lo pude ver más, lo que ya había sucedido mucho antes.

¿;Qué hacer sin madre?

Entonces, sin televisión, comencé a salir más al aire libre, a la calle.

“CADA CUAL CON SU CADA CUALA

LA VIDA SE DESLIZA

Y EL MUNDO SE RESBALA.

EL PATO CON LA PATA

EL RATO CON LA RATA

EL FLAUTO CON LA FLAUTA

EL OJO CON LA HOJA

EL PESO CON LA PESA

UNIDOS DE LA MANO” (PEPE IGLESIAS (EL ZORRO)).

Además, principalmente para distraerme un poco. La gente me reconocía, y me saludaba.

Estas cosas le pasan a cualquiera. Salir a caminar un poco. Y no poder distraerse.

Porque hay que estar ocultándose detrás de los anteojos ahumados, o detrás de la tapa con tu foto en una revista de moda, o ponerse entre las hojas interiores del diario porque estás en la primera plana.

Además, a León muchas veces lo veía pasar raudamente en su coche particular, colectivo de pasajeras femeninas.

Por lo visto, el dejo de la Fama aún le estaba otorgando cualidades varoniles inexistentes en verdad, y todavía se lo disputaban las hembras hermosas de esta ciudad, pues ya las más bellas estaban saliendo conmigo.

¡Aún hoy…., mírenlo ahí va…..! Cuestión de suerte.

“EL ÉXITO DE LOS DEMÁS ME FASTIDIA, PERO MUCHO MENOS QUE SI FUERA MERECIDO” (JULES RENARD, en JOURNAL, 30 de marzo de 1.903).

Escuchen, parecía y parece una estampa de los años del Hollywood histórico, bastante rancio.

¡Pero no quiero ser injusto! Debo reconocer que le sientan estupendamente el estómago protuberante, las arrugas mal disimuladas por un maquillaje vulgar y ordinario, y las patas de gallo.

_ Es un gran cumplido.

Por una revista me enteré que se ha retirado de su profesión y que vive en un barrio de lo más selecto cerca de mi zapatería que también lo es, ya que le he puesto un nombre en inglés: “Shoes”.

Piensa en grande en Shoes: Un clásico.

¿;Los zapatos de Carlitos Chaplín? Otro clásico.

Así como esos zapatos estuvieron de moda, afortunadamente lo mismo está ocurriendo con mi zapatería.

No me quejo, por supuesto. Quizás en el día de mañana. O más adelante.

Tampoco de HEBBEL quien escribió: “NO TEJAÍS A NADIE UNA CORONA DE LAUREL DEMASIADO GRANDE, O LE CAERÁ EN TORNO DEL CUELLO COMO UN CEPO”.

Y es cierto.

Y menos de un tal ROBERT DE FLERS, que habría vivido entre 1.872 y 1.927, y que dijo: “PARA TODOS LOS QUE NO HAN TENIDO ÉXITO, FASTIDIAR LA FELICIDAD DE LOS DEMÁS ES TENERLO UN POCO”.

Y es cierto, vaya si es cierto.

Ahora bien, o mal, cuando uno es un desconocido, nadie te pide autógrafos, nadie te llama por teléfono, nadie te manda mailes, nadie te saluda, nadie te llama a la puerta, nadie está encima de ti, nadie te acosa.

¡Cuando se dejará este Nadie de embromar!

Fin.

Grand Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux Clement).

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E-MAIL:jovialiste@yahoo.com

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