EL RAPTO DE UN POBRE GATO NEGRO EN QUILMES, por G. Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux Clement).

EL RAPTO DE UN POBRE GATO NEGRO EN QUILMES
(CUENTO DE HUMOR)

por

GRAND JOVIALISTE (DR. EDUARDO BRIEUX)

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Yo, Pascual Flor de Vivo Ceibo ayer estaba de muy mal humor. ¿Qué? ¿Mal humor?

¡Pésimo humor!

Estaba con los pelos parados de punta, tanto que después fui a la peluquería.

Me llevaba el diablo, y todo el infierno, excepto yo mismo.

¿Y no saben por qué? ¡Cómo lo van a saber si pasó dentro de mi casa de Quilmes estando yo sólo en una soledad absoluta, parecida a la de un gobierno a punto de terminar su digestión!

¿Pero por qué estaba en uno de esos días aciagos que suelen repetirse a diario durante toda nuestra vida, que son la variable constante?

Angelo, el gato negro de la casa, por primera vez estaba ausente sin aviso, pues no había vuelto de sus correrías nocturnas habituales de día.

¡No se lo veía por ningún lado!

Y en la zona, desde de aquel memorable robo de las flores de Quilmes, que todavía se recuerda a pesar de ser un minúsculo hecho delictuoso sucedido ya hace algunos años (tantos que no me acuerdo en cual pasó: ¿Si en el de la fundación de Atenas o de Roma?), el rapto de un pobre gato negro en Quilmes podía llegar a ser aún un delito más famoso que ése y el de las sabinas, por figurar en el expediente penal Nº 1.000.000 del año. ¡Quizás ya era mi hora aunque fuera de un solo minuto de tiempo de algo de fama!

ººººº _ ¡Ja,ja,já! ¿Y te crees que por ser el expediente Número 1.000.000, que el robo de tu gato te va a dar prensa? ¡Dios mío, siempre el mismo gil! Si por lo menos esperaras una milésima de segundo, y se convirtiera en el 1.000.001, que es uno capicua, de suerte – me comentó mi otro yo dentro de la cabeza.

Yo permanecí sordo ante tamaña y fría insinuación, y preguntándome:

_ ¿Dónde está el gato? ¿Dónde estará?

Era las diez de la mañana, y no había aparecido. De costumbre, anda visible. De aquí para allá, y de allá a no sé dónde.

ººººº_ ¿Dónde se habrá metido? ¿Le habrá pasado algo? ¿Se lo habrá llevado alguien? – pensaba. Sinceramente, algo raro en mi. Ya que soy partidario de economizar inútiles pesamientos errátiles y totalmente teóricos. ¡Yo prefiero actuar! ¡Yo no pienso! – pensaba cómodamente sentado – ¡Yo soy un hombre de acción!

Y reflexionaba:

ººººº _ Anda callejeando mucho últimamente, y es tan incivilizado que puede pasar cualquier cosa con esta fiera suelta por el barrio.

El secuestro es un delito horrible. Que desgraciadamente está de moda. Entonces, no podía menos que temer:

ººººº_ ¿Lo habrán raptado?…

ººººº_ ¡Estás loco!- se burlaba de mi, mi otro yo (Es su trabajo, lo entiendo. Siempre es muy cumplidor, lo hace todo el tiempo).

También, siendo mi otro yo, es un Flor de Vivo de la familia, y me suele cargar más de la cuenta.

ººººº _ ¿Qué cuenta? ¡Si no tienes ninguna!

Y pasarse jornadas enteras de befas más molestas que un mosquito insistente en comer de nuestra sangre.

ººººº _ ¡No puedo. Si no, lo haría!

ººººº_ Ya lo sé, no hace falta que cometas la grosería de recordármelo a cada instante – le respondí.

ººººº _Si yo no te digo las cosas…. ¿Quién de tanta confianza te las va decir?

Y dentro de mi cabeza, plena de historias, de imaginaciones, y de los grandes números por 11.324 pesos de la cifra de la factura de teléfono que me acababa de llegar, a falta de trabajo que hacer, fantaseaba una, y otra vez:

ººººº_ ¿Qué rescate me irán a reclamar?…

ººººº_ Estás de remate – me respondía el otro. Es sólo un gato, y te aseguro que de los más feos. ¿Quién va a pedir un peso por un bicho como el tuyo? ¡No te hagas ilusiones que te lo hayan secuestrado! ¡Por otra parte, no te lo vas a sacar de encima tan fácil!

¡Qué barbaridad! Qué manera de ofenderme: ¿No?

Ah, no…..

Sin embargo, a pesar de lo que me decía el otro yo, mentalmente, me oía negociar con los secuestradores:

ººººº _ ¡No es persa, no es afgano, ni siquiera de angora! ¡Diez mil pesos! No pidan mucho. Es solo un gato, dos atorrante, tres común. ¡Más de diez mil pesos de teléfono este mes!

ººººº _ Te olvidas de cuatro.

ººººº _ ¿Qué cuatro? ¡Se bien lo que digo! Son solamente tres argumentos.

ººººº _Cuatro: que es un gato que no vale ni un pimiento.

ººººº _ ¡Es lo mismo, sombra!

Permitan que me desahogue y les cuente que el cariño incomprensible que le tengo a este felino, está más allá de esos pensamientos, y de esas desconsideraciones de mercado sobre cantidades mayores o menores de dinero y especialmente de la moneda de canje. Y de sus maullidos destemplados en las noches de luna llena que despiertan al insomne vecindario.

Y justamente, este sentimiento por el gato – cualquiera sabe y hasta mi otro yo, que lo quiero mucho, desmedidamente, infinitamente y se me acaban las palabras – es lo único que podía motivar el secuestro de Angelo.

Pero, realmente, el secuestrador tenía que estar mal de la cabeza para llevarse tantas pulgas, y por ahí alguna garrapata de obsequio, y quien sabe que otro huésped más.

Y mi otro yo, agregaba:

ººººº _ ¡Y a semejante salvaje! ¡Quien va a querer una fiera en la casa! Acuérdate cuando te arañó en la cara… No conforme con uno, también casi te saca el otro ojo. Mira si puedes lo que te estoy diciendo, aunque creo que en la historia del hombre nadie ha logrado ver jamás lo que habla, tampoco tu, pues te dejó tuerto para siempre, y con el otro ojo no ves nada. ¡Maldito animal del diablo!

Pero dicen todos que yo fui siempre algo simple; lo quiero y no cesaba de culparme:

ººººº_ ¡Esto me pasa no sé por qué!…Pues sé adónde va, y a qué hora suele volver.

Y de consolarme:

ººººº_ Simplemente, todavía debe estar en la discoteca.

Y de decirme:

ººººº_ ¿Lo ves?…. No lo ves…

Y mi otro yo de aconsejarme:

_ ¡Entonces mira otra vez!

Por lo que obediente de nuevo yo me repetía:

_ ¿Lo ves? …. No, no lo ves.

Y mi otro de susurrarme ya fastidiado:

_ ¡Entonces, mira otra cosa!

Y luego, cuando veía mi buena voluntad de hacer prontamente lo que recomendaba:

ººººº_ ¿Qué haces? ¡Mal hombre! ¿Abandonar la búsqueda? – Me reprochaba lo que acaba de justamente de prescribir, tal cual lo hace un demonio acusador que aparentaba defenderte.

Al gato, le gusta el “boliche”.

Todas las noches salta la medianera, y se mete en lo del vecino del fondo, una discoteca.

Mientras tanto, el tiempo pasaba por la calle y aún dentro de casa.

Y ya el viejo reloj con pila nueva señalaba las doce del mediodía de ayer del año que viene, nada más que porque adelanta un poco.

Cuando no sé porqué se me ocurrió echar una mirada con el ojo de vidrio debajo del mantel agujereado de la mesa de caoba del comedor, que vino de Miami con un equipo del Club Termitas Ilegales.

Quizás lo hice porque se acercaba la hora de almorzar con la sangre de mis piernas de los mosquitos del equipo del Club Nacional Hambrientos.

¡Por supuesto! ¡Ahí estaba dormido!

¡Lamentablemente, en el único lugar… donde no había mirado, ni hubiera mirado nunca!

Claro, para no ver el polvo de tierra que casi es la poca cosa que me queda aparte de Angelo, y de una sola nada más, cuantiosa fortuna invertida en bonos nacionales.

Y en ese momento de alegría, al sonreírme de mi tribulación anterior, ya aliviado, por experiencia propia, al igual que una planta de zanahoria, íntima y vegetativamente conocí de algún modo la diferencia entre el humor, y la comicidad .

Lo que acababa de vivir no era cómico; pero sí un episodio pequeño e inocente del versátil humor de cada día.

Pero me llamo a silencio…. Que si no, no puedo oir lo que está murmurando mi otro yo, en este preciso momento:

ººººº _ ¡Flor de Tara! Este no debe ser de nuestra familia los Flor de Vivo.

FIN.

Grand Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux)

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