LIBRO NOVELA ROSA CORTA “EL AMOR QUE VIAJA EN MAIL”, por G. Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux).

 

“EL AMOR QUE VIAJA EN

 

MAIL”

Novela corta humorística

 

 

por

Grand Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux)

Escritor, y abogado

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Es propiedad del autor.

Inscripto como Propiedad Intelectual en la DIRECCIÓN NACIONAL DE DERECHOS DEL AUTOR de la REPÚBLICA ARGENTINA, con el Número de Expediente 400.464/2005.

En consecuencia, se halla protegido por los Tratados Internacionales, y por las leyes respectivas que rigen en materia de los derechos Intelectuales.

Autorizo la reproducción parcial o integral de “El Amor Que Viaja En Mail”, con la condición “sine qua non”, que el texto transcripto sea una copia fiel del original, y que lleve la mención del nombre y apellido del autor, además del seudónimo literario Grand Jovialiste.

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“EL AMOR QUE VIAJA EN MAIL”

 

 

Epígrafe:

 

 

“Una querencia tengo por tu acento,

una apetencia por tu compañía

y una dolencia de melancolía

por la ausencia del aire de tu viento”.

De “Elegía”, por Miguel Hernández, poeta Español.

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Como todas las tardes, a la salida del “trabajo”, ya al crepúsculo, en un helado día gris de invierno del mes de julio, entró en el viejo bar de la calle Defensa, ubicado frente al edificio de su vivienda.

Vivía por allí, desde hacía cuatro años, conforme un aviso de “Buscado”, por algún acreedor confundido clavado en los troncos de los árboles del vecindario.

En un departamento mediano de cuatro ambientes de un primer piso, con amplio balcón a la calle, y con ciertos detalles de categoría:

Como ser la herrería artística negligé, o sea herrumbrada, el aire acondicionado que no funcionaba en todas las habitaciones, la cámara de TV de seguridad que vigilaba sus posibles entradas y salidas con visitas femeninas, y en el baño un lujo, nada menos que un un “vanitory”, que por el pie perdía un río de agua cada vez que se lavaba las manos o la cara.

En los azulejos, había pegado hacía unos años un cartel ayuda memoria que decía:

“No da para más. Llamar urgente a un plomero”.

El edificio poseía un Encargado vestido correctamente, aseado, y uniformado, quién por la tarde hasta perfumado con colonia – que por el resto de la jornada se olía hasta el último piso – se mostraba como otro adorno más en el sector del hall de entrada, el único donde no caía agua cuando llovía.

Junto a una planta decorativa de interiores, de un gran espejo rajado por la acción de alguna pedrada perdida; pero con marco dorado.

Y de una estatua símil de la Venus de Milo o tal vez del hotel alojamiento vecino.

Un edificio verdaderamente singular para ese barrio de casas del tiempo de don Juan Manuel, o de apenas algunos años antes durante la segunda fundación.

Otras viviendas debían ser de cuando Quintana era presidente, y el país en pleno “corsi”, o corso, crecía y crecía hasta que se llegó a convertir en un alto gigante, en un gran país para el año del cometa Halley, que por eso y para esquivarlo, con una parte de la cabellera no le quedó otra alternativa que chocar con la otra parte de la atmósfera de la Tierra.

Casi todas las moradas de esa cuadra constituían testimonios arquitectónicos eternizados de ese siglo, no del siguiente, no del “recorsi”, o del regreso continuo al estancamiento, a la decadencia interna, a la pérdida de rango dentro del concierto de las naciones del orbe.

Todo el barrio parecía salido de las láminas de las ilustraciones de un libro de librería de usados de historia edilicia de la ciudad de Buenos Aires, y parecía vomitado por el ayer; pero el ayer ya no estaba, se había ido para siempre, hoy era hoy.

Caramba…. ¿Era? ¿Y hoy no es hoy?

Su departamento no era nada especial, nada muy fuera de lo usual y común; pero sí contaba con una cierta ausencia de confort, en comparación con tantos otros de la ciudad.

¿Las expensas? Altas, altas. Por las nubes. Los hijos de los propietarios e inquilinos las usaban para confeccionarse avioncitos de papel.

_”Tengo que mudarme, es mucho dinero en australes devaluados. Si sumo las expensas de todo el año con ese dinero el pobre presidente podría ir de vacaciones al Caribe todos los veranos como polizón.”- era su reflexión mensual todos los principios de mes al recibir la liquidación de gastos del consorcio de las mismas manos del Encargado que para dárselas le debía soltar y dejar de estrangular el cogote.

“Vence el cinco del mes pasado” – era el clásico sello indicativo de la urgencia financiera, y de la avidez por cobrar del señor Administrador, un pulpo que alguna vez todos los consorcistas se harían en salsa de escabeche.  

Luego, preocupaciones más alegres de su grave trabajo, mantenían muy ocupada su mente ociosa: ¿Iria o no a ver bailar a esa bataclana bonita de moda?

Y el asunto de la mudanza pasaba a un cuarto, o a un quinto puesto, o a la bohardilla de los recuerdos en su envejecida lista de prioridades vencidas:

_”En todo caso cuando me empareje, viva con ella, y ya me atormente más de la cuenta”- Reflexionaba para esa parte del mes, allá por el quince, o por el veinte.

Vestía en verano campera polar verde oscuro, un pantalón al tono de la más alta calidad confeccionado a medida para gordos, así que le quedaba cómodo, algo holgado.

Camisa de origen coreano de Lomas de Zamora, mocasines ingleses con la leyenda reivindicatoria de la soberanía Argentina sobre las islas Malviuas, medias grises importadas de Avellaneda.

Cuidaba su aspecto internacional, y se puede decir que hasta en la villa miseria del país número 999.999 hubiera sido confundido con uno de los tantos acuadalados vecinos elegantes o mojados por las inundaciones.

Era un hombre algo más que maduro que aparentaba rondar los cien; pero fornido y de buena estampa, tez blanca, de rostro agradable, de mirada firme, canoso, al que las mujeres en la calle a veces solían dedicar una mirada “sexi”, o complacida, un poco más extensa de lo que marcan las conveniencias, y los códigos femeninos; otras no, otras veces parecían distraídas y no ver a matusalén.

Él pensaba entonces:

ººººº_ “¿Qué les pasa?”, u…

ººººº_ “Hoy con el bastón con puño no atraigo”.

No se percataba, que ellas sin delatarse, en un santiamén ya lo habían registrado… analizado, y anotado para otra oportunidad en la libretita de las quinielas, pues estaba observándolas un policía, más todos los demás hombres, o estaban muy urgidas por entrar en el vecino hotel para varias citas encimadas.

Pero lo peor, lo imperdonable realmente, es que se olvidaba que en las relaciones entre los dos sexos su papel de varón era el de ser el iniciador, el atrevido, el osado, el conquistador.

Costare lo que costase, así fuese un sopapo, una acusación de acoso, una frustración, un papelón público, prisión perpetua con el casamiento posterior.

Lo que ocurría era que era un tímido, un pusilánime, un cobarde, que por lo general las dejaba pasar sin decirles un requiebro, o sin proferir unas palabras amables, aunque sea un piropo, por lo que siempre perdía la oportunidad de seducir por milagro de San Antonio a alguna de las bellas.

Todo se había originado a los diez años de edad, y veintiuno y veintidós de sus padres algo precoces.

En esa época, había sufrido un revés en un avance torpemente juvenil con una mocosa de sesenta, y desde entonces se sentía cohibido, totalmente inhibido, impedido interiormente para abordar al otro sexo.

La valla, el miedo al rechazo femenino, le resultaba insalvable, y casi tan alta como las usadas en los juegos Olímpicos para alcanzar “records”.

¿Era un orgulloso no dispuesto a sentir mellas en su auto estima narcisista? ¿O no?

Como escribió el Psiquiatra Dr. David Viscott en El Lenguaje de los Sentimientos:

“Reaccionamos exageradamente frente a sentimientos dolorosos y elaboramos defensas impenetrables”.

Y a partir de allí, no actúa con total libertad de impulso el mecanismo del instinto arrollador masculino, pues ya le han hecho la boleta de infracción por exceso de velocidad.

En cambio, funciona un verdadero complejo, un obstáculo que al sujeto lo frena: La timidez.

La que actúa en contra del instinto y del deseo (Esto es sabio. ¿Lo entiendo?).

En el cuello, anudada, una bufanda, pues desde hace unos pocos días le picaba algo la garganta por una alergia a la lana.

Y entonces, se acordaba del anuncio publicitario radial:

“¡Pastillas del Dr. Anginitis!”

Merced a esta ayuda invalorable, le resultaba bastante fácil darse cuenta que podía tratarse de

ººººº_”Angina”.

O que se podía estar resfriando. Pues en esa estación del año era la dolencia habitual de todos.

Y desde ese mismo instante comenzó a cuidarse del frío al abrir la heladera

No quería terminar en la cama, como a menudo para poder dormir sucediera todas las noches.

O en otros años, con cuarenta grados de temperatura, con una tos compulsiva, y con ambas narices ocluídas o a granel chorreando mocos. Ah, qué entrañable recuerdo desagradable. Emociona a cualquiera.

No, no podía darse ese lujo de estar enfermo en la cama. Debía atender la enfermedad, la Inmobiliaria.

Y acababa de oír por la radio que desde el polo sur avanzaba por las calles una ola de frío con vientos arrachados originados en la desolada Antártida.

Habría uno que guarecerse en este continente.

¡Hoy era miércoles! Todo el día, Buenos Aires había estado calentado por un sol débil y corrupto, vendido totalmente a los intereses de la imperialista compañía de gas.

El aire había estado frío. No así en el negocio; pero por la calefacción.

Demasiado alta para su gusto de no disfrutar de la contemplación diaria de las facturas de gastos impagables.

Otro miércoles más, y él, sólo como siempre.

Sólo sin familia, sin compañera; pero por obra del destino, por suerte, o por lo que fuere, de una manera increíble e impensable para esta edad, flirteando, y sin darse cuenta, se estaba poniendo de novio, no con una señorita cualquiera, sino con una mucho más joven.

Una mujer virtual.

¡Pero todavía nunca la había visto físicamente, no la conocía personalmente, tampoco sabía como lucía realmente!

Sus feromonas, al no poder trasladarse por el espacio electrónico, no la afectaban, ni las de ella, lógicamente lo podían influir.

En ese sentido, estaba preservado. A salvo. No todo estaba perdido. Por lo menos, por el presente.

Ella se había descripto a sí misma como hermosa, con excelente cuerpo, con mejor cara, con manos femeninas; pero….:

¿Bastaba?

“…”Mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!” – BECQUER, Rima LXXIII.

Se le hacía agua a la boca….

Debía hacerse buches.

Pero no todo es visible, además está el atractivo:

De la temperatura de un cuerpo,

de la suavidad de unas manos,

de la delicadeza de los dedos,

del brillo de unos ojos más allá de sus colores,

de la cara,

de la expresión monstruosa o no,

de los labios carnosos o no,

de la manera de sonreír que muestra dientes afilados,

de los movimientos gráciles,

del ritmo natural empático,

de la electricidad estática de la piel que algunos sienten como el aura,

de la voz melodiosa,

de os otros elementos de una figura como ser las piernas, o los brazos,

de los otros rasgos de una personalidad que la convierten en bella.

¿No serían muchos de?

Por otra parte: ¿La pintura correspondería a la persona real?

¿Cómo saberlo? Había buenos, y malos pintores.

Autoretratistas imparciales, y no.

Es difícil verse a sí misma/o.

Sin embargo, su temperatura había ascendido en la zona baja varios grados centígrados arriba de 37, y al concurrir al baño, halló el calzoncillo algo mojado como si perdiera orina; pero claro que no.

Eros, era en la Grecia antigua, la figura que presidía la sexualidad, tanto en su forma trivial como sublimada.

¿Qué es la trivialidad?

Paul Diel lo explica en su obra sobre El Simbolismo en la Mitología Griega.

“Consiste” – escribe – “en el mal uso de la función sexual que no busca más que el placer físico”.

En cambio, Psique, es la personificación del alma. El alma, Psique, se puede dejar seducir por Eros, en su forma baja.

Lo que significa – de acuerdo con Diel – “la pérdida de la aspiración a la sublimación que debería caracterizarla.” Y también, el abandono de la clarividencia, su fuerza, ofuscada por la imaginación exaltada.

………………………………….

“Y de nuestra carne ligera,

imaginar siempre un Edén,

sin pensar que la primavera

y la carne acaban también…”

(Canción de otoño en primavera, poesía del genial Rubén Darío).

Entonces Psique es encerrada por Eros en su palacio del cuerpo material, símbolo de la lujuria seductora.

Es una cautiva de Eros, que bajo esta forma es feo, monstruoso, repugnante, perecedero.

Sin embargo, como dijo Robert Rocca, “la lujuria de la alcoba mata lentamente”

Pero Psique puede liberarse de la exaltación imaginativa, perder la ceguera, y recuperar la clarividencia, una cualidad de las almas puras y hogareñas, hijas de Hera, la esposa de Zeus.

Finalmente, Eros puede recuperar su otro aspecto, el atractivo, y contraer enlace con Psique.

Para que se puedan cumplir los fines de la Naturaleza.

¿Cuales?

Integrados Psique, y Eros, símbolos de la mujer, y del hombre, forman la pareja humana.

Encajan en cualquiera de los sistemas del orden cultural social normado del planeta, pueden procrear útilmente y conservar la especie, y en definitiva la vida, a través de la descendencia, y en la vida se la pasan bien.

¿Cómo sería ella?

Se llamaba Isabel Real; pero no lo había confiado donde vivía.

La había conocido en un foro, en una conversación muda por naturaleza realizada con los dedos de las manos por medio del teclado de una computadora, y desde entonces también se comunicaban vía mail.

Estupendo: Mail iba, y venía mail. Diariamente. Como un mecanismo aceitado. Como un reloj puntual.

Él ya le había mandado su mejor fotografía; pero ella se había negado a enviársela. Era tan misteriosa.

¿Quién sería realmente?

Según ella, licenciada en ciencias políticas, sin otra ocupación por el momento, que desmayar a los caballeros cuando paseaba por las calles.

A Carlos le molestaba profundamente, esta actitud de Isabel de ocultarle la fisonomía y la figura actual, pues le había mandado un retrato de cuando era muy chica, y aunque no era mal pensado, ya sabes dada la situación no podía menos que sospechar de algún obstáculo secreto, escondido, negativo, clandestino.

El menos importante para él, el estético.

Por ejemplo, que estuviese excedida unos cuantos kilogramos de más, y estuviera ganando tiempo para bajar supongamos sin fundamento esos 60 kgrs, rápidamente.

Por ese lado no había problema porque siempre le habían agradado las rellenitas. Creía que eran sensacionales.

Aunque también, las otras. Creía que eran una maravilla.

En definitiva: Todas. Todas – se confesaba – son lo mejor contra la indigestión, especialmente si cocinan bien.

Todas, porque quién más, quién menos, cada mujer tiene un atractivo importante.

Una gracia, con la que el Creador la ha dotado.

Que para el hombre la convierte en el ser más interesante de la Tierra para otro, su enamorado eterno, su “príncipe azul”, en el Carnaval su caballero de la armadura inoxidable, pagadera en los meses sucesivos en cuotas cómodas.

Pero sabía que la cultura tonta de las modelos anoréxicas había contagiado a buena parte de las mujeres, que por un irresistible impulso mimético de naturaleza pre-consciente, ahora hacían un culto del escarbadientes, de la delgadez.

No obstante, podían haber otros motivos:

Por ejemplo, que fuera una delincuente, buscada por la policía para conseguir un ascenso o una cita, que le hubiera mentido a la almohada y a él, y le costara confesarlo y sincerarse, y que fuera poco agraciada como por ejemplo la bella Sofía Loren, o que él la conociera de algún sitio.

No se le ocurrían más posibilidades que éstas pocas, y varias miles más, y pensar en ello, lo hacía sentir culpable de sospechar infundadamente, de ser un mal pensado, de transformarse en un tipo vil.

Pero como procurador – hombre del derecho – sabía muy bien de los peligros de entablar vínculos o relaciones amistosas con desconocida/os, tanto para grandes como para adultos, y hasta para cuervos.

Ocurrían cosas, desde los secuestros denominados muy modernamente “expres”, hasta las desapariciones frecuentes y definitivas de personas de todas las edades, a las que la tierra parecía habérselas engullido, tal vez en una tumba excavada en un bosque de pinitos.

Además, no era justo.

Y Carlos era un hombre de la justicia, pues había estudiado para abogado, llegando a recibirse de procurador universitario.

Él, le había proporcionado su nombre, sus señas, su ocupación, su fotografía, porque no tenía nada que ocultar, excepto el lunar de la nalga derecha, y una diferencia inconveniente entre los dos de unos escasos sesenta años.

¿Enamorarse de esta forma moderna era una cosa de locos?

Quizás sí, quizás no.

¿Y si ella en vez de ser como se retrataba, tan bella como una actriz o como una modelo, fuera fea, o loca, o indeseable, o histérica, o gritona, o tuviera un defecto físico o espiritual insalvable?

Hay mujeres buenas y malas, y mezclas subyugantes.

Hay activas, muy activas, laboriosas, parlanchinas, dominantes, tajantes, decididas, dogmáticas, y están también las otras que no lo son.

Hay sucias, y limpias, que oyen o que no saben oír, que poseen cultura o no, sensuales y no, etc.

Hay para todos los gustos, para todo tipo de hombre; pero hay que saber hallarlas, o que el Cielo nos las envíe por vías misteriosas a carradas para poder elegir a la mejor.

Pero… ¿Cómo había llegado a tolerar esta limitación? ¿Cómo no le había exigido que debían verse sí o sí aunque fuera una vez? ¿Cómo?

Llevado por el instinto gregario, después por la necesidad de amar, había consentido lo que primero le pareció pudor femenino, o capricho; luego algo raro, bastante normal en la ciudad oculta.

Más tarde, se le antojó una anormalidad en la relación de pareja, pues vivían en la misma urbe, tal vez eran vecinos, amigos, parientes: ¡Prima!

Si ella fuera diferente de lo que proclamaba ser, una vez el corazón aprisionado en la cárcel de Cupido, él o sea el varón estaba listo.

Dado que ha puesto su alma en manos de la mujer que ya ama locamente.

La misma que muchas veces después, con una sonrisa sosegada lo echa a patadas de la casa propia.

O ella, con unas cuantas lágrimas reales o de cocodrilo, luego se hace perdonar, suele ablandarlo, y a renglón seguido encadenarlo definitivamente.

Ya no precisa un esclavo, lo ha conseguido gratis, y con cama.

En llorar, todas son maestras. En consecuencia: No deben hacer el curso anual para conservar la matrícula.

Repito: No deben hacer el curso anual para conservar la matrícula.

A esa altura del conocimiento, mejor sería poner del desconocimiento, ya es tarde para volverse atrás en materia de fuertes sentimientos y de emociones sinceras.

Pues ya uno los dispone consigo íntimamente, ya uno siente al otro como carne propia, ya el corazón trepida de entusiasmo al contemplarse, ya no somos dos sino uno en la llama del amor.

Y como decía José Ortega y Gasset en sus Estudios Sobre El Amor, “Según se es, así se ama”.

De tal manera… ¿Qué autenticidad e intensidad de amor él, Carlos, podía recibir de Isabel, una mujer que se encubría?

¿U ocultaba sus encantos o sus desencantos de la vista de su amante?

¿Un amor puritano? ¿Un flaco amor?

A veces, en la calle, cuando veía a una mujer agraciada que pasaba contoneando las caderas, cavilaba si ésa sería o no su ciber amor.

Tal vez, tal vez no. ¿Y cómo estaría ella de caderas, y de todo lo demás?

Él pensaba que hasta la más fea, hasta la menos dotada, siempre tenía otros atractivos visibles o no que la tornaban apetecible para el varón, y muchas veces preferible a otras.

Todas disponían de atractivos obvios: Las delgadas, y las gorditas.

Para él, aún más éstas últimas, que las primeras, pues era bastante carnicero.

Además, en este caso estaba lo de la inteligencia.

Ella se mostraba brillante, varios puntos sobre lo esperado, cariñosa, femenina, simpática, correspondiente, como suelen serlo las mujeres pálidas, opacas, deslucidas; pero podía ser hasta un “travesti”, con lolas y con un pene poderoso como el suyo.

Y ya que se hablaba del pene, recordaba que de todas las partes de su cuerpo, es el que más a menudo se llevaba las palmas.

Pero….

¡Si nunca la había visto, ni oído hablar, ni apreciado su manera de ser y de vestir, ni nada! ¡Ni nada! (¡Dios, ya estaba flechado! Resultaba obvio hasta para él mismo, la víctima de una ciber cacería).

¡Dios mío! Una diferencia gruesa: ¡Unos años de diferencia! Nada importante… ¡Años más, años menos….! Jajajajá… ¡Cómo si fuera, no fuera decisivo!

El amor si existe en la pareja es lo fundamental, lo único resolutorio para la unión, y para la solidaridad. Y luego, para poder separarse y divorciarse.

Se manifiesta en una persona por un sentimiento intenso, por un estado emocional que se suele localizar en su momento crítico en la zona del pecho donde se encuentra la glándula timo, que se puede evidenciar por un respirar algo agitado y/o por suspiros reiterados, una nesidad de aire, y porque a veces se somatiza en el palpìtar acentuado del corazón herido por la flecha.

Simultáneamente, se perciben diferentes dulzuras en zonas erógenas del cuerpo humano, un goce interior cenestésico indefinido, y nuestros pensamientos se orientan hacia la persona del ser amado.

De lo que nos cuesta despegarnos aún para realizar las labores precisas para el vivir diario.

Lo queremos, lo deseamos, lo necesitamos.

Ya lo amamos. Es un arrobamiento. Es un robo.

Interiormente le decimos mentalmente a borbotones solamente cualquiera de estos dos vocablos, o similares:

“Te quiero”, “Te adoro”, “Te idolatro”, “Te beso”, “Te abrazo”, “Te deseo”, “Te amo”, “Soy tuya/o”, y finalmente, “Te vas”.

Simultáneamente, en el caso del varón, está como en un celo continuo, el pene casi erecto, siente cosquillas en los testículos, pero esta vez no por las pulgas, y en todo su organismo una sensación de deleite y de casi beatitud.

Al salir a la vía pública, se ve obligado a usar un suspensor que tape el bulto pujante y enorme demasiado ostensible.

Así se trate de uno producido por una irrealidad, una entelequia, una ilusión como por entonces lo era Isabel para Carlos.

“Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo.”

“Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía al alma….” – escribió Laura Esquivel en “Como agua para Chocolate”.

 

Actualmente, andaba contando con muy pocos amigos, con los años se habían ido muriendo, y además los pocos sobrevivientes, todos vivían lejos de Buenos Aire, y falluteaban en otros sitios.

No tenía a quién confiar su cuita íntima, su problema oculto, su angustia evidente, su deseo más fervoroso.

La ventaja de la conversación electrónica consistía en que ambos podían llegar a conocer bien la informática.

Y la forma de ser y de pensar con que el otro se presentaba a sí mismo en tanto fuera la verdad, y no una simulación hábil.

Las desventajas eran varias.

La más notoria, el teclado se gastaba rápidamente por tanto uso.

Después, la que el fantasma de Nicolás Maquiavelo le solía susurrar en la oreja izquierda:

ºººººººººº_”Todos ven lo que ella aparenta; pocos advierten lo que ella es”.

Caramba, tenía amigos importantes de la historia de allá lejos, y en el tiempo.

ººººº_ “¿Lo qué es?” “¿Cómo saberlo, si no … la ví, y no sé, sino lo que le conviene decirme?”

Pero Maquiavelo tras pasar al otro lado invisible, había perdido el sentido holístico, pues Carlos lo advertía algo parcial, un poco negativo, demasiado sibilino.

Y siempre en oposición. (¡Un envidioso de su hallazgo de Isa: La “donna” perfecta!).

Pero ésta personalidad imaginaria era solamente otra fantasía de su mente, o probablemente un complejo proyectado; pero de todas formas no verdaderamente (aunque fuera un producto de su imaginación), una figura confiable para aconsejarle bien.

Si en vida, así se había comportado con aquel soberano al que dedicó su libro El Príncipe: ¡Pobre Príncipe!

Y los amigos le faltaban para hablar de este asunto importante, con riesgo, y hasta peligroso.

Puesto que ella podía ser una psicópata, una ebria, una ladrona, una neurasténica, una liberada de la prisión, una rea, una maniática, una loca, una asesina, una algo negativo, una adicta, una embustera, cualquier cosa que se le ocurriera más tarde, pues el repertorio actual se había agotado.

Hasta un hombre con nombre de mujer.

Enamorarse como un ciego.

¡Como un sordo! ¡Nunca había escuchado el timbre de voz de ella! ¿Y si fuese agudo, o grave, o alto, o bajo, o desentonado, o ronco?

Seguir adelante a ciegas también representaba incongruentemente enamorarse peor que solamente sordo:

¡Cómo un atolondrado, como un impetuoso joven inexperto, como un loco maduro, como un impulsivo con una personalidad desquiciada, como un candidato al suicidio!

Querer, condicionado por la ausencia del ser querido, podía constituir la mayor necedad de su vida. Y de la de cualquiera…

Pero, entonces se acordaba que el Profesor Brótolis, harto de la soledad del solterón, había puesto un clasificado en un diario matutino, que el aviso había sido respondido por una viuda con la que luego de noviar un mes se había casado, y que ese matrimonio fue uno de los más felices que tuvo la dicha de observar, además que duró cuarenta años hasta que se murió el pobre Brótolis de extenuación probablemente sexual.

Y… ¿Qué decir de los aislados y solitarios pioneros que poblaron la Patagonia que hacían traer en barco mujeres desconocidas de su aldea natal, o a falta de candidatas de su terruño, de cualquier parte de su país o de procedencia europeo, con la que se casaban sin conocerlas, y a “ciegas”?

Tampoco, había que olvidarse que no hace tanto, muchos amores se originaron o se acrecentaron por medio del correo postal con el intercambio epistolar anual o más seguido entre novios que vivían en lugares distantes y no en el zaguán.

En esos tiempos, una carta de amor iba, y uno o dos meses después, inflamada llegaba la respuesta de amor cóbrese al destinatario/a.

¡Pero la llama no se apagaba!

Luego, en su casi totalidad éstos fueron matrimonios duraderos más de un minuto, a pesar que algunas de ellas toda su vida anterior hubieran sido prostitutas en Europa, o ellos bastante más salvajes que civilizados indios.

O por eso, pues eran mujeres expertas, con toda la experiencia necesaria para satisfacer al varón por su trato anterior con muchos de ellos, con mucha sabiduría de la vida práctica, con conocimientos sobre como evitar las enfermedades venéreas, con ahorros, y con un gran entendimiento del carácter de los marineros.

Y los varones, disponían del valor, del tesón, del empuje masculino de quién ha vivido un pasado pleno de conflictos por el juego de cartas, y de dificultades en la naturaleza, y entre los hombres de la taberna.

Como escribiera el escritor francés Guy de Maupassant, sobre el amor verdadero:

“Para que este amor exista, es necesario que los dos seres hayan totalmente nacido el uno para el otro, se hallen tan unidos por distintos aspectos, por tantos gustos parecidos, por tantas afinidades de la carne, del espíritu, del carácter, se sientan ligados por tantas cosas de toda naturaleza, que formen como un haz de vínculos.”

 

¡Y justamente! ¿Cómo podía saber lo de las “afinidades de la carne”, si ella no le hacía llegar como archivo adjunto su fotografía actual de cuerpo presente? ¿Cómo?

 

Por otra parte, algo parecido había leído en el antiguo Libro de los Cambios de los Chinos: Que es el Cielo, y no nosotros, quién nos destina a tal o cuál persona del otro sexo haciendo surgir en ambos la necesidad de amarse y de unirse. ¿Luego de arrojarse las cacerolas?

El Mariscal de Montluc, que vivió entre 1501 y 1577, una vez me dijo una sentencia que por lo ajustada con la realidad, aún en Francia se recuerda quinientos años después:

“En la guerra como en el amor, sólo el cuerpo a cuerpo da resultado”.

¡VIVA EL MARISCAL!

Coro_ ¡VIVA!

¿Y entonces? ¿Qué vigencia tendría este amor virtual ADEMÁS DE RIMAR CON MARISCAL?

Luego… ¿En el encuentro real devendría en un fracaso virtual o real? Una cuestión que dejo para que diluciden los filósofos, o los entendidos en cacofonías y en consonancias.

“Un hombre enamorado ve todo en la mujer amable y digno de ser amado. El amor y el instinto marchan de acuerdo; el hombre desearía besar todas las partes del cuerpo de la mujer”, escribió el Dr. René Martial en Los Entretelones del Placer; pero a Carlos, ella Isabel, le vedaba satisfacer este legítimo impulso natural.

En resumen lo estaba castrando o domando, puesto que él, un hombre maduro y sensato, aunque lo había considerado, no se podía poner a besar la pantalla de la computadora del ciber café sin pasarle un trapito.

Todo lo demás podía darse vía texto de mail; pero además no:

El aspecto, la figura, el rostro actual, el conocimiento “de visu”, tampoco otros rasgos de conducta, de manera de proceder, de todo lo perteneciente a la forma.

 

Guy de Maupassant – Carlos recordaba – decía que se ama no tanto a X, o a B, sino a una criatura “innominada, salida de la naturaleza, esa gran familia”.

En resumen, que “se ama un tipo que reúna todas las cualidades humanas del otro sexo que pueden seducirnos”.

Porque, pese a lo que había escrito sabiamente aquel autor francés del siglo XIX, volvió a pensar en el asunto que tanto le ocupaba: ¿Qué es el amor?

Armando Chulak escribe que “es la suma de factores que siempre altera el producto”.

El amor – se mintió a sí mismo en un soliloquio mental – es uno, aunque he amado mil veces; pero se expresa en todos los idiomas y dialectos del planeta, actuales e históricos, de tantas maneras y formas diferentes como hombres y culturas habitaron la Tierra desde tiempos inmemoriales.

Y yo corro, más que nadie, la contingencia de estar siendo amaestrado, pues no es otra cosa lo que enseña – no cualquier persona lega – sino la Dra. Esther Vilar, una médica Argentina, o sea una profesional y una mujer con experiencia, autora de una obra famosa como es El Varón Domado, quién nos inculca:

“El hombre está amaestrado de tal modo por la mujer que no puede vivir sin ella y hace, por lo tanto, todo lo que ella le exige”.

“_ ¡Sí, querida!”

Perdón:” _¡Sí, querida doctora!”

¡Precisamente, es lo que me está ocurriendo con Isabel!

_”¡Sí, querido!”

Disculpe:”_ ¡Sí, querido señor!”

Y esa prestigiosa mujer médica, entre muchos otros, añade estos dos pareceres muy comunes y corrientes:

a) “Para la mujer, amor quiere decir poder; para el hombre significa sometimiento.”

A través del amor – es cierto – la hembra logra ser mantenida por el macho que sale a cazar, pescar, y a laborar en las sociedades modernas; pero lo mismo sucede entre muchos mamíferos superiores.

b) “El varón está contento con su papel. Al ser esclavo alcanza la meta de sus deseos.”

El hombre en tales casos se siente conquistador, sin percatarse que es el conquistado, el cazado, el pescado. ¡El pescado, jajajajajá…..!

A Carlos le parecía bastante acertado, porque se acordaba de los arquetipos de los que había leído unos textos muy difíciles de interpretar para el Dr. Sigmund Freud, en un libro del Dr. Carl Gustav Jung.

Al margen de las consideraciones anteriores, pensaba que le podía atraer bastante, y hasta mucho, una mujer gordita; pero difícilmente una sin algo de distinción, e intelectualidad, o sin conversación, sin gustos selectos como por ejemplo hablar sobre los isótopos radioactivos, aunque no sabía de qué equipo se trataba.

Con vulgaridad, o sin sentido de lo que es justo, o sin que le agrade el chasqueo de otros seres humanos, seguro que no más de una eternidad.

………………………..

¿Con alguien se podía convivir sin compartir:

Anhelos, gustos y pensamientos secretos,

y hasta a veces inconfesables,

sin intentar ser uno,

sin comulgar con ella/él,

sin soñar juntos,

sin poder desear algo parecido,

sin una confianza firme en su lealtad,

en su probidad,

en su rectitud,

en su nobleza,

sin contar con su tolerancia e indulgencia,

con su absolución,

o su condena si somos masoquistas,

sin ver la vida armónicamente,

con el borrón y cuenta nueva,

sin pensamiento interesante,

así fuera de las cosas de la vida,

alguien que tal vez podía ser tan débil como la carne de nosotros,

y sufrir tentaciones y deslices humanos,

por otra parte difundidos en la humanidad y admitidos en confesionarios más allá de mentiras e hipocresías defensivas y no difíciles de entender haciendo uso de la tolerancia y de la empatía;

pero que a la hora de las pruebas y de los problemas también conjuntamente tiraba del carro de la vida,

y era consecuente, recta/o, y derecha/o?

………………………..

Recordaba que el escritor Baltasar Gracián, un hombre reflexivo que vivió en España allá por el siglo XVII, había escrito:

“La gran fuente de la gran sed es la ilusión”.

¿Y cuál era esa gran sed obviamente no Hindú?

Sino la de vivir esta vida, en lo posible libre, plena y felizmente.

Pero también se acordaba de algo que había leído en una obra genial de Leopoldo Stern sobre “La psicología del amor contemporáneo”, quién proporcionaba una sencilla fórmula infalible sobre el amor, la ecuación perfecta:

 

“Amistad + deseo = Amor”

 

 “Oh, si cada cual se dijera a sí propio todos los días:

No puedes hacer nada mejor que respetar sus alegrías y acrecer su felicidad, gozando con ella”

“Los sufrimientos de Werther”, por J.W. Goethe , trad. Rafael Cansino Assens.

Por otra parte, Carlos era de la idea de la necesidad imprescindible de emparejarse, y de convivir para conocer como realmente es el otro.

Sabía que había muchas separaciones, en que el uno echaba la culpa al otro, “olvidándose de la viga en el ojo propio”.

Por ejemplo los cuernos reiterados, u otras ofensas y humillaciones, la mala o ilegal conducta, la haraganería o lo contrario o sea la compulsión de trabajar sin descansos, y había mucho más que decir al respecto.

Como enseña la Biblia, en el Eclesiastés, hay un tiempo para la actividad, y hay un tiempo para el reposo o para el descanso o para el esparcimiento o para que ahora vaya al baño, etc.

Es una cuestión de equilibrio de la personalidad, a menos que uno, o mejor otro, esté apremiado por la guerra, por hechos graves, por las circunstancias urgentes, por la enfermedad, o por la proximidad de la muerte.

Aquella viga solamente se hacía visible a través de la vida diaria en común. Mal que le desagrade esta apreciación al señor religioso, o al señor feligrés tal o cual.

Una recomendación para ambos sería:

Creer en el otro, brindarle fe, respaldo, seguridad, y ayuda si la precisare….

Algunas de las armas de seducción de una mujer más importantes son:

  1. Mostrarse maternal.
  2. ” apetecible.
  3. No discordar.
  4. Ser receptiva
  5. Mantener el deseo, creando expectativas – no defraudadas – de gratificación sexual, y afectiva.

¿Y cuales son las del varón?:

  1. Mostrarse macho doméstico y protector.
  2. Demostrar por lo menos poseer rumbo y un objetivo vital.
  3. Mostrarse eficaz.
  4. ” auto suficiente, y proveedor para la satisfacción de las necesidades.
  5. Interesar, e interesarse de verdad.

¿Por qué tantos se separan actualmente? Hay más divorcios que casamientos.

Algunos hábitos aparentemente inofensivos como fumar, resultan intolerables para el otro componente de la pareja, pues la, o lo obliga, a aspirar el humo de los cigarrillos, acumulado en el ámbito de habitaciones por lo general no muy amplias, de techos modernos y bajos, o mal ventiladas, y como quién no quiere la cosa la convierten en fumador pasiva/o.

Por si fuera poco, el fumador a veces acostumbra dejar los puchos por cualquier lado, no en el cenicero.

O fuma en la cama, se queda dormida/o con el cigarrilllo prendido, el que hay que se le cae sobre las sábanas produciendo una quemazón, y en ocasiones hasta el incendio.

Va al baño, lo usa, y deja todo enchanchado: El cepillo de dientes con restos de la pasta dental usada, los jabones de tocador fuera de los nichos para situarlos, las toallas tiradas por cualquier sitio y sucias, el papel higiénico por el piso para que las cucarachas se sequen el traste, la bañera después de ducharse hecha una roña con su grasitud corporal, y su tierra abandonada por su piel.

No se toma la pequeña molestia de limpiar lo que ensució. Tiene mucama con cama. ¡Vaya fresco caradura!

Lo mismo, en la cocina, si se hace un mate, arroja la yerba torpemente, la que cae al piso, y ahí queda, porque no se molesta de barrerla.

No limpia los utensillos que emplea, se lo deja para que el otro tenga el honor de hacerlo por él.

Va al escritorio, y nunca lo ordena.

Mete sus manos en todas partes, hasta en los bolsillos del saco del hombre, o él abre la cartera de ella, y husmea.

No se asea lo suficiente, o exagera. (¡Marica, y si es ella, Varonera!)

Es dogmático/a abusiva e innecesariamente.

Mete reglas,

dicta reglamentos,

impone leyes domésticas para el propio hogar común.

Tiraniza.

Es autoridad, y su pareja es súbdito/a.

No deja vivir, ni vive.

O no respeta la intimidad del otro, y hasta le lee las cartas de algún amor anterior, desaparecido del mapa de ella, o de él, ya hace tiempo. O sus papeles privados. O curiosea en sus cosas personales.

Carece de discreción, de tacto, de finura, de… límites.

En verdad, por qué no cantarlo con claridad:

De amor por el bienestar de su pareja, que le importa bien poco, casi un comino, pues procede por celos, provenientes de un ego envidioso por el poder de atracción del otro/a.

En el fondo, los celos son la envidia erótica.

Si es hombre, jamás da una mano en la casa, ni siquiera riega las plantas, o barre la vereda, o va a hacer alguna compra, o algo de utilidad como realizar una tarea de arreglo, o una mejora cualquiera.

Deja las cosas por cualquier lado, y hasta el colmo, a veces se olvida, y hay que secarle como a un bebe o a un enfermo/a, hasta el traste, para que no contamine las bombachas, o los calzoncillos.

En una palabra: Hay sucios, desordenados, aunque muy lindas/os. Pero….

¡Son un desastre andante!

No siempre nos salen las cosas como queremos, como ambos las planeamos, como nos comprometimos.

Hay mucho factores de unión, y de desunión.

Entre los últimos, por supuesto los llamados “cuernos”.

Los “flirts” o coqueteos,

los enamoramientos emergentes.

No respetar los espacios y los tiempos del otro.

No ser suficientemente tolerantes para con todo lo que de menor entidad nos pueda estar molestando o fastidiando como ser los pequeños defectos, lo mismo las faltas, igualmente los modos de ser, etc.

No saber dejar pasar por alto algunas fallas propias de todo ser humano.

Hay quién no tolera la cama doble, ni siquiera el dormitorio común. O viceversa. Parece una pavada; pero ha sido fuente de separaciones.

Él/ella ronca y no deja dormir, se pasa toda la noche con insomnio, pone el televisor o la radio muy alto, y muchas otros fastidios, o pequeños y no tan chicos hechos irritantes.

Las formas de ser del otro, pueden chocarnos, producirnos vergüenza, si en lugares públicos no se sabe comportar con la adaptación requerida, o con la discreción a la que estemos habituados.

Por ejemplo si viste inapropiadamente,

se ríe fuerte o anda a las risotadas,

se burla de uno,

si profiere malas palabras,

se saca moco de la nariz,

escupe en el suelo,

se come las uñas,

coquetea con otros por teléfono,

o en público,

o por Internet,

nunca o rara vez gasta una atención especial,

nunca arrima la silla cuando la dama se sienta en el restaurante,

nunca ella/él ha preparado una torta o un bocado,

o un café con leche y acercado a la cama,

jamás obsequia nada ni siquiera una flor,

no tolera la independencia legítima e inocente,

miente,

cela,

….,

no da algo de aire o sea la libertad,

para salir sola/o se viste provocativamente,

da confianza a terceros masculinos/femeninas,

se larga gases con olor y con sonido sin importarle un comino la presencia del otro u de otros,

es brusco o brusca,

gusta de vicios como el juego,

bebe un poco demasiado,

anda en companías raras,

pone la “música” muy alto,

trae amigotes/as al hogar que al otro no le caen bien,

invita a comer a terceros sin avisar,

despilfarra,

va de juergas con amigos o amigas so pretexto de distraerse,

se levanta alunado/a,

eructa y tose en la cara,

no responde con cortesía y con respeto al otro,

es guaranga/o,

vulgar,

guaso/a,

sale de noche,

va solo a la cancha de football o a las carreras,

no se despega de la T.V.,

etc,

etc,

etc….

A lo que suman algunos rasgos de carácter como el malo, la intransigencia, el voluntarismo, la cólera, la mentira, la imprudencia, la hipocresía, la negligencia, los súbitos cambios de humor no motivados, la inercia, el dejarse estar, la depresión, el optimismo infundado, el mal humor, el pésimo gusto, la charla insulsa, el no saber armonizar y compatibilizar, los malos tratos, la indiferencia, los gritos, la intolerancia, el reprochar, el aburrir, el dominar o imponer, el abrumar, el ahogar la vida del otro, el tiranizar, etc.

Una cosa es como uno se presenta, en el cuarto oscuro para que lo elijan como al candidato de la elección, naturalmente de la manera más favorable en un primer momento para agradar.

Para gustar, para saciar nuestras aspiraciones, y en definitiva para enganchar con alguien que en principio nos atrae, o nos conviene, o nos hace compañía, o nos parece que puede ser nuestra pareja.

Otra bastante distinta es como uno es realmente, sin la careta, en la intimidad aburrida diaria, con los apremios y problemas, sin el disfraz social o profesional, sin la máscara y fuera del papel de lo que Jung, acertadamente denomina “la persona”.

O como uno resulta ser andando la vida, y el tiempo.

Un refrán sabio totalmente, sentencia: “MEJOR SÓLOS, QUE MAL ACOMPAÑADOS”.

Es verdad, para qué engañarse… y auto oprimirse.

William Sheldon, de la Universidad de Yale en los Estados Unidos, estableció tres tipos básicos de cuerpos humanos:

  1. Mesomorfos, individuos de músculos y huesos gruesos, seres humanos cuadrados y rechonchos.
  2. Ectomorfos, gente delgada, frágil, nerviosa, movediza.
  3. Endomorfos, personas que detestan el ejercicio. Rollizos, suaves, que aman la facilidad y la comodidad.

Pero, además existen los tipos mixtos de cuerpos humanos.

Para John Mark Conter, y Lois Wyse, dos periodistas Americanos, que sobre el éxito de las parejas hace muchos años escribieron para el desaparecido “El Libro Elegido del Mes”, indican que una relación entre los dos sexos se favorece durante la convivencia:

Si ambos se apoyan mutuamente, son accesibles el uno al otro, son amigos además de enamorados, la vida de uno forma parte esencial de la vida del otro, uno le hace sentir al otro lo que le cae bien, y le señala cortésmente lo que le cae mal; pero esto último se lo dice solamente una vez, le manifiesta su amor, comparten valores, aceptan los consejos del otro, no lo ofenden, tampoco lo humillan o mandan, cuidan del otro física y psíquicamente, son amables con los respectivos parientes y amistades.

¿Los amigos?

Juan, uno de ellos, se había establecido en Australia, porque como técnico en metales trabajaba en una mina de oro de una provincia del oeste, y ya tenía familia Australiana, tres chicos sanos y lindos.

Domingo, un Mecánico se había ido a la Amazonia, en Brasil (¡Qué ocurrencia! ¿Con los indios?), y en la selva de alrededor de Manaos había puesto un taller de reparaciones de autos.

Antonio, había vuelto a la Patagonia para administrar y fundir la estancia del tío.

Franco, modisto de alta costura, residía con su mujer en París, la que se desnudaba en público cuando se le caían los vestidos de alta costura mal cosidos pues su marido andaba corto de vista.

Y Pedro, su mejor amigo, Ingeniero en Programación, hacía veinte años ya que había emigrado a Canadá, donde con su pequeña familia de cuarenta vástagos, hijos de varios matrimonios anteriores, vivía en una residencia lujosa con piscina, con sauna, con dos helicópteros, con yate de lujo, con cinco niñeras cama adentro, con cinco autos de los cuales tres eran deportivos, y los otros dos de paseo para el personal (¡Pero qué autos!), en los alrededores de la ciudad de Otawa.

Al parecer, por lo que le refería en los correos electrónicos semanales, a Pedro le iba económicamente muy bien, y ya era un nuevo rico tipo, un millonario en moneda fuerte de Angola o de Nigeria, no recordaba bien cuál de los dos países.

“_¡Vení! A ver: ¿Cuándo te venís, loco? ¿Cuándo te decidís a dejar a Buenos Aires loca? Ponemos una Inmobiliaria acá en Canadá cuerdo – muchas veces le había escrito Pedro.

_”¡Me cuesta dejar a la Reina del Plata en la estacada!” – era la contestación. 

Los correos electrónicos semanales constituían otra rutina más, iban y venían manteniendo intacta esta sólida y vieja amistad de casi toda la vida, originada a los escasos cinco años de edad de aburrimiento vital.

En aquel entonces, ambos jugaban juntos: A la bolita, a los comerciantes, y a las escondidas. Juegos de niños. ¡Cuántos años ya que habían transcurrido! Pero ya había historiadores trabajando en eso.

Era miércoles, otro más…. En la oficina había tenido un día muy duro.

La situación económica de la Argentina le daba escalofríos de miedo, y a la Argentina, los individuos como él.

Años de rapiñas la habían diezmado, años de incuria habían conducido a un país granero del mundo, proveedor de carnes para Europa, a tener la mitad de la población, y tal vez algo más, bajo la línea de la miseria y de la ignorancia. Morían niños por hambre, desnutrición, enfermedades diversas.

La única mozo del bar, una chica de unos treinta años, lo vio sentarse en la mesa de siempre junto a la ventana, una con dos sillas enfrentadas como si aguardase companía, y se acercó:

_ “Hola… ¿Cómo le va?” – lo saludó, sin esperar respuesta, pues no solía haberla, pues no era más que otra fórmula hueca de bienvenida al cliente.

Una rutina de cortesía diaria a esa hora en que Carlos acostumbraba entrar al café restaurante, y pedir algún aperitivo, o un café, o un cortado para disfrutar contemplando a la mozo, o a otras parroquianas.

Era una especie de recompensa diaria con la que se auto gratificaba.

Y la camarera, agregó la pregunta de usanza:

_ “¿Qué va a pedir?”

_ “Un café” – le contestó Carlos en tanto observaba que las computadoras del fondo estaban todas disponibles –

_ “¡Ah, y uno de mortadela de pan francés sin la corteza!”

“Enseguida marcha” – le contestó la mozo, con una sonrisa, en tanto se retiraba hacia el sector del mostrador moviendo la falda de aquí para allá, y de allá para aquí.

Él la contempló con una mirada apreciativa, y golosa; andaba con muchas ganas de consolarse visualmente por el día de perros que había vivido.

¡Qué buena qué estaba! Fuerte por todos los frentes, el de adelante y el de atrás, y perfecta de ambas caderas.

Un rostro agradable para ver….y naturalmente para besar mucho.

Para volcarle mucho vigor, y cariño masculino atesorado en la soledad.

Pensó:

ººººº”Qué bien me vendría con el frío. Está muy bien. Tengo tantas ganas de ser acariciado, y de brindar caricias y mimos.”

El vivía en el edificio ubicado frente al bar, y en algunos domingos o feriados la chica le había subido algún pedido hasta su departamento; pero jamás entre los dos había habido acción. Unicamente algo de charla inocente e ingenua.

Pero de inmediato, se olvidó de la mujer.

Carlos, desde hacía unos quince días, se sentía angustiado, preocupado, y con cierto fundamento.

“¡Llama a Inmobiliaria Veras, y verás!”, su inmobiliaria, heredada de su padre, se estaba fundiendo.

Pero hoy….Hoy había sido el peor día del mes.

Durante toda la jornada nadie había llamado por teléfono.

Nadie había pasado por el umbral de la puerta de entrada. ¡Ni un solo cliente nuevo, ni viejo! Nada de negocio inmobiliario.

La oficina todo el tiempo fue un páramo, un pedazo de desierto, la sucursal del de Atacama. ¡Tabú!

Había transcurrido toda la mañana, y toda la tarde leyendo el diario.

Hasta varias veces el mismo texto de los anuncios.

Mirando las paredes.

O dando vistazos por la ventana.

Y escuchando completos tres programas de radio de F.M. La Isla, una emisora con buena música y mejor programación.

A pesar de tan mala racha, abrigaba una gran esperanza:

El Presidente de una conocida Inmobiliaria internacional, llamada The Candide Land, días atrás le había telefoneado desde New York.

Querían disponer de una sede en Buenos Aires para la empresa.

Y de un representante para extender sus negocios inmobiliarios a esta importante metrópolis primero….

Después deseaban continuar la expansión comercial por otras capitales del país, y finalmente por toda América del Sur.

Le habían ofrecido estar a cargo del proyecto.

Con una asignación en dólares en concepto de salario mensual, y con un porcentaje en las ganancias, garantizando la duración y la seriedad del acuerdo mediante un contrato por cinco años para que “Llama a Inmobiliaria Veras, y verás”, como mandataria de The Candide Land, realizara operaciones infelices de compra y venta y de alquiler de fincas lujosas de alto precio, útiles para blanquear ciertos beneficios fuera de la agenda comercial.

Si la propuesta llegaba a concretarse, estaría salvado.

Y en un futuro no muy lejano seguramente se convertiría en uno de los más importantes y ricos hombres del negocio del rubro.

Aguardaba respuesta.

Pues había solicitado que desde la firma del contrato durante el primer año su asignación no fuera menor de 90.000 U$S. Por supuesto, el porcentaje de beneficios, aparte, qué se habrán pensado.

En su mente ilusionada, ya se veía embolsando un cuarto de millón de dólares mensuales.

De pobre………….. a su primer millón para el año que viene.

Pero no le habían contestado, y mucho temía haberse excedido en las cantidades exigidas, motivadas por la necesidad actual, y por su codicia de como mínimo ganar esa suma desde un comienzo.

La aguja del reloj del bar señalaba las 20.30 horas.

Tenía hambre, por eso había pedido el sandwiche; pero estaba tardando. Esa noche se comería una milanesa con papas fritas y con un huevo a caballo. Era un plato rico, aunque no muy saludable. Por el colesterol, y el frito, claro.

Se contó para su adentro:

_”Ahora, cuando venga la chica, le voy a encargar que al concluir su turno me suba además una gaseosa fría.”

Giró la cabeza para el lado del mostrador – ¡Ese sandwiche estaba demorado! – y vio que el patrón del boliche, un Italo Argentino, finalizaba de cortar la mortadela con la máquina; y a la vistosa camarera de pie, esperando que concluyera esa labor.

Era como admirar un cuadro del Museo de Bellas Artes, incluyendo a alguna visitante hermosa.

La miró. Era linda de verdad.

Observó como ella con toda delicadeza femenina ponía el sandwiche, y el café sobre la bandeja de metal; y en ese momento, es cuando se percató que el bar estaba vacío, que él era el único cliente.

“Todo va como la mona” -estimó – “también éstos se están fundiendo”.

Y observó como distraído, como sin ver que la mozo con el pedido se aproximaba a su mesa.

La miró a los ojos, y moviendo su cabeza en redondo, reflexionó en voz alta, mientras ella colocaba sobre su mesa:

_ “El local está vacío. ¿Qué pasará?”

Ella, se aproximó algo más, y sonriendo en voz muy baja, susurró:

_ “Hoy ha sido un día realmente de muy poco trabajo. No sé, creo que es por lo que está sucediendo con los cortes de calles en varias partes de la ciudad. Acá cerca está en la avenida Independencia interrumpido el tránsito por un grupo de desocupados trabajadores y de activistas pasivos, y la gente con los autos entonces no puede venir a pie desde el centro para esta zona. Los colectivos toman para el bajo, eluden el corte, y el barrio está desierto todo el día. El patrón está preocupado, porque desde hace varios meses disminuyeron los clientes; pero grita que las facturas le llegan como siempre, y se queja en la calle por si hubiera un asaltante cerca que no tiene entradas de dinero suficiente con qué pagarlas, que le van a cortar la luz, el agua, y el gas, pero no cualquier día de éstos el mismo cuello.”

_ªªªªª (¡Dios mío! ¡Qué ojos!) – Él se apostrofaba en tanto la chica la lloraba al típico estilo porteño de tango rock.

Y ella, quizás al darse cuenta que Carlos la miraba con atención excesiva y algún bostezo reprimido, semblanteó el terreno, por si acaso él pudiera solucionarle el tema. Absolutamente un rasgo nacional.

_”Tengo miedo de quedarme en la calle. Éste trabajo es el único que por ahora tengo para subsistir, y si lo pierdo, por la desocupación que hay por todos lados, me va a costar conseguir otro que lo reemplace, y me tendré que volver a la casa de un primo lejano, que está en las afueras de Salta.”

 _ “¿Y su primo qué edad tiene?” – preguntó Carlos con bastante impertinencia como si tuviese derecho para efectuar semejante inquisición sobre la vida de una desconocida con más curvas que carretera de montaña.

Ella no le respondió; pero musitó:

_”Es dueño de un prostíbulo, un pervertido” – Y giró ipso facto cien grados la conversación, agregando:

_ “¡Qué frío que hacía esta mañana en la iglesia! El invierno es lo que no me gusta de Buenos Aires, tan húmedo e inhóspito. Me seca.”

_ “Claro no es de extrañar, en Salta la bella un día como el de hoy debe haber estado más caliente.” – sagazmente apuntó Carlos recordando lo que Isabel le acababa de referir del burdel.

_”No siempre” – aclaró la camarera – “Está al norte; pero por efecto de los vientos sureños que soplan a veces fuerte desde el noroeste, y por la sequedad del aire que viene con brisas del este, más que en esa zona el sur no es muy saludable, el clima del norte es algo pesado más que caluroso, o fresco.”

Él, en tanto Carlos alzaba con la mano derecha el sandwiche para comenzar a comerlo, le preguntó:

_ “¿A qué hora termina su turno?”

_ “A las 23″- le respondió.

_”Al salir, antes de irse para su casa, me puede subir al departamento una milanesa…”

Ella lo interrumpió:

_ “Se fueron las milanesas, hasta mañana no las puede ver. .. No están, no hay….”

Él pensó unos segundos, y entonces pidió:

_ “Bueno, qué le voy a hacer. Entonces un puré, un bife, con dos huevos fritos a caballo. Y dos gaseosas chicas.”

_”¿Algo más?” – preguntó ella, de acuerdo con la rutina de su oficio.

Él la miró, y aún no sabe cómo venció su timidez, y le expresó:

_”Si no lo toma a mal, con todo respeto, suba un doble pedido.

Haga media hora extra, y los dos nos lo comemos.

La invito.

Tuve un día pésimo; como usted ya sabe estoy sólo en la ciudad, y me vendría bien compartir la cena con alguien como yo, agradable.

Para no hablar más de lo innecesario, solamente para leer juntos el libro de los muertos parte de la noche, comer, y conversar, un poco.

Se lo agradecería mucho.”

El tono del hombre, y las palabras eran corteses, y aparentemente serias.

ººººº _ ¿Por qué no? Sería una buena oportunidad de conocerlo algo más.

_ “Bueno” – y ella, añadió – “Pero un rato solamente, porque mañana tengo que levantarme temprano como siempre; y anoche tuve varias pesadillas premonitorias de su convite; dormí mal.”

 _ “De acuerdo” – le respondió Carlos.

No era la primera vez que ella había subido al departamento de él para alcanzarle algún pedido del bar.

A veces en un feriado, o un domingo a mediodía, él solicitaba una minuta cualquiera, una raviolada con tuco, o tallarines a la Bolognesa, o una pata y una pechuga de pollo al spiedo, especialidad del bar y casa de comidas, el orgullo culinario del dueño italiano.

Entre los dos nunca había pasado nada. La reunión había sido calma, amena, y hasta entretenida.

Jamás había habido acción, aparte de conversar unas palabras sobre las cosas del día en Mongolia, o las noticias del diario La Prensa.

Especialmente, sobre algunos artículos muy interesantes y logrados de una Licenciada en Psicología de nombre Carolina, que últimamente, los domingos aparecían en el Suplemento Salud.

Y que a Carlos, y a ella también, le parecían excelentes, tanto por el contenido como por lo magistral del estilo de la pluma que las pergeñaba.

Hacia un año que ella trabajaba de mozo, apenas recibida en la universidad del Estado con promedio ocho cuarenta y uno y medio con tres centésimos y doscientos milésimos.

Tanto estudio, tanto esfuerzo, tantos sacrificios para llegar a licenciarse pagándose ella misma los cientos de libros y los miles de gastos, restando varias horas al descanso de otros porque estudiaba en voz alta de noche, y a veces se olvidaba y gritaba o cantaba las lecciones para que se le quedaran en la memoria.

Y sábados y domingos quitándole tiempo a las distracciones propias de todo ser humano, y por ahora todo el fruto para la comunidad de diez años duros de huelgas en la facultad era haber podido servir como camarera en un salón de un regio bar de cuarta.

Qué absurdo….

¡Así estaban las cosas en la Argentina impotencia! Puede que después, por bastante tiempo más. Varios siglos, dicen que dicen.

Pero como de costumbre los pésimos administradores de las cosas públicas de todos, no de ellos justamente, no se daban cuenta de nada, o sí, los que desgobernaban que antes no eran precisamente ricos, se habían llenado los bolsillos con millones de alabanzas a sí mismos, y de dólares de todos, aunque la moneda de curso legal era el austral pese a la cacofonía. 

Concluída la charla con el parroquiano, Isabel con la bandeja se retiró hacia el mostrador donde la apoyó; y le avisó al propietario, que iba un rato a la computadora para enviar un mensaje.

_”Bueno, anda; pero estáte atenta por si entra algún otro cliente”.

_”Es un día muerto.”- respondió ella.

_”Si: pero nunca se sabe. Puede revivir” – fue la respuesta eco.

Entre tanto Carlos, consumió su café, y terminó despacio de comerse el sandwiche que estaba sabroso.

¿O era que él tenía mucho apetito.?

Luego, permaneció durante diez minutos mirando hacia la ventana del establecimiento.

Finalmente, se cansó de mirar a la calle, y se levantó de la silla, se aproximó al mostrador, y dirigiéndose al Italiano le demandó:

_”Patrón: Por favor, una computadora.”

_”Tome la uno” – indicó el dueño.

Carlos, se encaminó hacia la computadora indicada. Al ir, observó que la Mozo se hallaba escribiendo a toda marcha en la máquina tres.

Se sentó frente a su artefacto, y pensó:

ººººº_”Si hoy no me remite la foto, rompo con ella para siempre.

Y cuando yo digo para siempre, es para siempre, o hasta mañana.

No, no se puede mantener esta relación basada en el sigilo, en el misterio, en la certidumbre de no sé qué, que me lo supongo bien, puede ser incertidumbre o si no con seguridad una duda, una vacilación, o una perplejidad.

No puede ser que juegue conmigo, y con mis sentimientos; que me esté trabajando de esta forma. No lo puedo continuar permitiendo.

Ya sé que lo soy; pero no, no soy tan tonto.”

Conectó con el servidor Yahoo.

Cuando el portal de éste estuvo visible en la pantalla, escribió en el casillero superior de la ventanilla su nombre:

Carlos_Veras,

y en el casillero de abajo puso la contraseña que era shhhhhh….:verás;

apretó la tecla enter de la computadora,

y se abrió su casilla de correo electrónico.

Observó en bandeja de entradas, y sí, allí se leía el nombre de su amor electrónico: Isabel Real.

Y en el sector de archivos, el signo de la existencia de uno remitido como adjunto. 

ººººº_ “¡Por fin!” – pensó alborozado – “¡Debe ser la fotografía actual de Isabel!”

De inmediato, intentó abrirlo.

El mensaje comenzó lerdamente a desplegarse con una lentitud desesperante.

Con el mayor desgano.

Como si quisiese prolongar su ansiedad.

Como si estuviese por acontecer un suceso extraordinario, y único en el universo mismo, aún más extraño que un hecho sincrónico.

O como si Dios en ese instante que estaba por devenir estuviera decidiendo su dicha eterna, o su infelicidad para el resto de su vida.

Y aún dudara, si darle el paraíso en la tierra, o que permaneciera en el purgatorio hasta el fin de sus días.

Pero no…

¡Qué tonto retonto ! Un delirante más. Si era la hora precisa de la caída de la noche en que el tráfico electrónico se intensificaba a picos astronómicos de usuarios. De ahí, la demora.

Finalmente, el mensaje se descubrió totalmente. Se hizo visible y legible.

Carlos fue derecho al sector del archivo. E hizo dos clicks superpuestos para que se abriera.

Parecía un sufrimiento Chino. Todo tan dificultoso, tan cansino, tan sosegado, tan refinado. ¡Cosas del Bill, el enriquecido mil millonario del norte del continente!

Se abrió el bendito archivo, y ahí, ahí estaba la fotografía tan deseada.

ººººº_ “¡Pero si es….! ¡Pero si es…! ¡No puede ser! ¡Qué tapada que resultó ser! ¡Es increíble! ¿Es…? “- pensó.

_”¡Es! ¡Es!” – se le escaparon ambas exclamaciones en voz alta estentórea. Miró a su derecha.

Entonces, se encontró con una sonrisa y con un rostro radiante que lo contemplaba extasiada, el divino de la hermosa Isabel.

_ “¡Isabel! ¡Eres la misma! ¡No lo puedo creer, eres la mujer de mis sueños convertidos en realidad! ¡Eres real!”.

_”Para toda la vida: Real… pero de Veras…” – bromeó ella.

Ambos se levantaron de sus sillas, se aproximaron, y se fundieron en un primer abrazo y prolongado beso de amor auténtico e intenso…

Que el Italiano desde el mostrador miraba maravillado, lástima que no dispusiera allí de un acordeón o de una mandolina.

Naturalmente que no entendía lo que sucedía; pero juzgó:

_”Éstos, sin saberlo se querían, y ahora, acá se dieron cuenta, en mi ciberbar.”

Fue un momento en que la eterna ilusión, lo mejor de la vida según el gran novelista francés Honorato de Balzac, y la realidad efímera, otra vez más se fundieron en el amor.

 Grand Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux).

FIN.

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E-Mail:jovialiste@yahoo.com

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