¡VAYA CON LOS OVNIS!, relato de ciencia ficción humorística publicado en la revista CUARTA DIMENSIÓN en 1985 (Selecciones 5), por G. Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux Clement).

OVNI – UFO – SOUCOUPE VOLANTE – PLATO VOLADOR – O.V.N.I. – U.F.O.- CIGARRO VOLADOR – ¡VAYA CON LOS OVNIS! (RELATO DE ANTICIPACIÓN PUBLICADO EN 1.985)
Grand JOVIALISTE en IMPRESIONES Y EXPRESIONES DE UN VIAJERO DE LA WORLD WIDE WEB PRESENTA ¡VAYA CON LOS OVNIS!
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NOVEDAD RELATO DE ANTICIPACIÓN
*** I M P O R T A N T E:
Luego de leer el relato reflexione que cuando fue publicado en 1.985 nada se sabía ni se sospechaba ni se hablaba de la posibilidad de la CLONACIÓN HUMANA NI DE LA NO HUMANA, ya ambas una realidad.

Edición electrónica actualizada.

Publicado en SELECCIONES 5 de CUARTA DIMENSIÓN, año 1.985.

Todos los Derechos Reservados.

LA ILUSTRACIÓN CORRESPONDE A LA TAPA DE LA PUBLICACIÓN DE ¡VAYA CON LOS OVNIS! EN LA SELECCIÓN 5 DE

CUARTA DIMENSIÓN que dirigiera el Profesor FABIO ZERPA.

—–

¡VAYA CON LOS OVNIS!

¿Creen los Extraterrestres en los aviones?

En general, se estima que sí creen.

Aunque por sus caritas de humanoides, no siempre

consigan que les vendan el pasaje.

¿Creen los hombres en los Ovnis?

Aquí la cosa cambia:

¿Qué les parece?

¿Cómo saberlo?

Ocurre que muchos pitecantropos sabios sí creen; pero otros sabios en pitecantropía no

creen.

Y, en particular, no creen los que no creen en nada.

O créase o no: Incrédulos de profesión.

El hecho que motiva esta actitud es que no nos preparan en la escuela para el día que

veamos o no veamos un Ovni.

¿Pero qué sucede cuando alguien en simultáneo cree y no cree, casi al mismo tiempo alternadamente?

¿Precocidad intelectual? ¿Se ha atascado? ¿Se encadenó a los opuestos?

Está demostrado por no sé quién, que en esa penosa situación ya no es cuestión de creer o

de no creer, sino de algo distinto, para no alterarse y alienígenarse.

Sigamos con este modo de ver, con este razonamiento, con esta falta de sensatez que nos caracteriza:

Tal vez le haga falta a ese alguien una prueba contundente que lo escarmiente (o a mi), y que lo

obligue a salir del sube y baja de la duda, o quizás le

sea necesario dejarlo de contar a su almohada favorita.

Gracias a ésto, o conmigo tú dirás… a cualquier otra cosa, ese hombre se va a alejar de sí, o de

su cama, por difícil que esto sea, posiblemente casi un imposible.

Puede ser que ese hombre precise ver. O tocar, y ser tocado. No, no lo toques si eres hindú y es un Intocable.

Claro que no todos creen en lo que perciben por los sentidos o ultra sensorialmente o sin

sentido o con mi falta de sentido,

y ésto les da un poco de dolor de cabeza, pero por lo menos lo han percibido. ¿Hueles ese olor?

Y ésto nadie se los quta, ni con toda la aspirina del mundo. ¡Uy, qué asco!

Más….¡Ay del hijo de la ciudad que nunca levanta la vista al cielo!

¿Cómo los va a ver?

Su negación o su duda durará tanto como la paciencia de los que 1o rodean.

Posiblemente vives en una ciudad, entonces miras caras y edificios, pero rara vez observas

el cielo, únicamente te limitas a ver si hay nubes, si siguen los edificios, si va a llover, si hay luna llena, si hay

sol, si hay estrellas, si hay un avión volando, si hay angeles, si hay o no hay …., bueno te limitas a ver de todo un poco verdaderamente mucho, demasiado,

pero no ves Ovnis, porque nunca levantas la vista al cielo, y por allí es que estos críos peligrosos transitan sin hacer la

bulla necesaria para detectarlos.

Ahora o nunca, vayamos a nuestra historia.

Desde un punto de vista histórico, el Sr. Catalino Nolitaca no estaba más chiflado que

cualquier otro ejecutivo menos zalamero de su empresa.

No por nada, a través de su intensa vida olfativa, había ascendido por el elevador de la

carrera empresarial, desde ascensorista hasta presidente de una poderosa multiextranjera,

compañía de aviación y de cohetes, con sucursal de cremas heladas en la cima del

Aconcagua para comodidad del ocasional andinista usuario.

Pero dejemos los negocios.

Veamos lo que le pasaba: El gran dilema.

¿Cuál era y tal vez cuál es?

Pues, creía, y no creía en los ovnis.

A veces, creía por momentos, y no creía por días enteros, y otras veces creía por días

enteros, y no creía por momentos.

O creía durante el día, y no creía durante la noche porque dormía, o creía durante la noche

de insomnio, y no creía durante el día porque hacía una siesta demasiado larga.

Y para peor, no se ponía de acuerdo en los turnos.

Solía suceder que creía dos días

seguidos, y otros dos días seguidos o solos creía también.

-¡Maldita ambivalencia! – juraba y rejuraba, mientras sacudía la cabeza como ante un

desastre o piojos o pulgas.

Además no compartía la opinión de que los OVNIS son ovnis, sino

que son imitaciones de Ovnis, simples copias. ¿Dónde están los originales?

¡ESTAS SON COPIAS! ¡Que los Cielos se abran para mostrar OVNIS verdaderos! -suplicaba al

Todopoderoso.

Pero el Todopoderoso lo dejaba con las ganas, y no le daba el

espectáculo extravagante solicitado, sino el habitual.

Para colmos, últimamente, gracias a su modernísimo reloj

digital le sucedía la desgracia que creía por instantes,

millonésima de segundo sí, y no la siguiente millonésima, y así sucesivamente no y sí, sí y

no, o sí, sí, y no, no, …, etc., y todo este péndulo solía

durar en ocasiones un largo segundo, como se comprenderá cargado

de eternidad, y de pérdida de tiempo.

En realidad, Catalino era muy crédulo.

Y no. O sí.

Y creía en todo. Y lamentablemente, se recriminaba luego como muchos de

su especie: ¡No se puede creer en nada!

Se tragaba cualquier cosa, y después la vomitaba.

Era un espléndido muchacho, pero un poco boquiabierto.

Introyección y proyección. Y rataplanplán, para decirlo en términos simples y psicológicos

para que me entienda sobretodo el siquiatra que aún no tengo. ¿Ya viene?

– ¿Ovnis a mí?, me caigo de espaldas – se decía. – ¿Quién lo cree?

-Pues yo lo creo -reflexionaba tirándose juiciosamente en la cama.

-Creo en todo. Creo en mi, creo en ti, creo en él, creo en nosotros, creo en

vosotros, creo en ellos, y creo en nadie y especialmente en nada. ¿Cómo estoy

seguro de saber la mentira o la verdad? ¿Puras fantasías? ¿O no? En primer lugar, los trucos no

mienten, y por si fuera poco hay muchos testigos calificados no sé

porque Ente que los han visto hasta fuera del manicomio.

Luego continuaba reflexionando más o menos así:

(No lo sé exactamente, porque yo no estaba en su cabeza) -Me pregunto: ¿Cuál será ese

Ente? ¿Niente? Se sabe que no es el Ente calificador de películas de ciencia ficción apta para mayores. No

cabe duda que por ahora no hay un Ente calificador de cuentos, aunque puede haberlo en el

futuro, nunca se sabe.

Entonces puede ser cualquier otro Ente. Yo que sé; ésa no es mi obsesión. ¿No es cierto?

¡Mi obsesión son los OVNIS!

Sospechaba que éstos eran los culpables de su opinión variable, y tal vez de su preocupación.

Gritaba: ¡Me persiguen!

Rato después clamaba: ¿Por qué no me persiguen?

Bah – se decía – Paranoia, pura paranoia.

Permítánme que aclare: Paranoia, o búsqueda de la verdad.

E investigar esta verdad fue mi función.

Me llamo Juan Noblablá.

Y Catalino me vino a ver pues soy detective parapsicológico y

en Pslcovnis, además de especialista en apariciones, y en

desapariciones de mi mujer, y autor de “Confesiones orales de un mudo”, obra editada en

un DC (Déselo a otro), y además he escrito en casetes “Cómo divulgar un secreto en una lección autodidáctica”.

Recuerdo que la segunda vez en mi vida que vi un OVNI me

dió una sensación de “deja vu” en francés, y al rato de “ya visto” en la correspondiente

traducción al español.

Pero alcemos el telón sobre aquella primera entrevista entre Catalino y yo.

-Descuide yo me encargo de investigar -le dije-.

En lo mío, que es lo de los otros, soy considerado el mejor.

Mi ex jefe siempre me decía: Tú eres el mejor de nuestros

peores agentes. ¡Peores no hay! ¡Tú eres el mejor peor!

-¿Cuánto me saldrá? -Indagó audazmente Catalino.

Le respondí:

-Una tonelada de moneda Argentina, y asunto arreglado. Yo soy muy Sudamericano, y no

quiero saber nada de los dólares verdes que crecen en el Norte de América.

-Está bien. ¿Dónde los quiere? -contestó Catalino.

-En un Banco de la Polinesia, para mis vacaciones, si no es molestia.

– ¡Muy bien! ¡EI transporte va por cuenta de mi compañía!

Gracias por la propina. – le dije y agregué: – ¿Tiene alguna evidencia, alguna pista?

Yo sospechaba que la única pista unicamente estaba en su cabeza.

-Nada -respondió.

– Pero sí – agregó – Unas pruebas irrefutables por cualquiera, unas fotos

caseras del Tío Jack, en las que se ven muchos puntitos.

Si uno desliza el lápiz uniendo los puntitos, tiene la figura del O.V.N.I de su agrado sin puntitos o sea un OVNI.

– ¿Y quién es el Tío Jack? – lo interrogué.

Me respondió: – ¡Quítese los piojos! ¿A que no adivina? Un italiano americanizado de facciones

orientales, con ojos de gato siamés, orejas que se mueven como alas de mariposa, y unos pies enormes de

bailarín patagónico.

Y para más datos, viste totalmente de negro.

-¿Pero quién es ese Tío Jack? -insistí ansiando averiguar algo más.

-¿El Tío Jack? ¡Y quien lo sabe! Un tipo común, corriente. Su nombre no figura en el

“Who is Jack”, ni en ningún otro repertorio autobiográfico. Pero lo puede contactar en la

plaza Rodríguez Peña, donde trabaja con su cámara sorpresa de fotógrafo ambulante.

Rato después me dirigí con Catalino a ese rincón encantador del Buenos Aires macrocéntrico.

¡La plaza Rodríguez Peña!

¿París en Buenos Aires? No. ¡Buenos Aires en Buenos Aires!

Hacía años que no caminaba en silencio bajo sus árboles

añosos, cargados de follaje, de historia, y de palomas; un verdadero oasis en la

urbe, muy de mi agrado, aunque jamás la pisara.

Explico: Todos estos años había estado muy ocupado investigando, e investigándome para

llegar a mi auto conocimiento como detective, y también se interpuso la televisión que nos

roba el tiempo a los investigadores serios con tantas divertidas series policiales, crímenes

que resolver, y algunos casos de espionaje fabulosos, e increíbles. ¿Quién puede creer en ello?

°°°°(¡Yo!).

Y pensar que esos casos, pueden suceder en cualquier país del mundo, o en otros lugares.

Pero ahí estaba el Tío Jack, exactamente como Catalino me lo había descripto.

Tuve ganas de dar media vuelta, y echarme a correr de espaldas; pero Dios se olvidó de

ponerme ojos en la nuca.

Olfateé algo siniestro a primera vista.

No sé….

Tal vez, en su falta de bigote. (Por lo menos, tenía cara)

Me senté. en un banco de la plaza para observarlo sin que se diera cuenta y para fumarme una pipa.

No se puede uno enfrentar con el misterio, con

su inconmensurabilidad, sin rellenar la pipa con tabaco.

A veces y luego de un rato de inmediato el misterio se devela, el tabaco no es de Cuba.

El ser estaba totalmente vestido de negro, o yo no me había quitado las gafas. Bueno, esto

último. Pero al sacármelas, igualmente quedó de negro, así que supongo que no miento.

A tal punto que parecía un deshollinador. ¿Deshonillador?

¿Pero que hacía un deshollinador en la plaza? ¿Ir al Tedeum?

Además ya quedan pocos. (¡Es más, casi no existen! Si alguien vió alguno, repórtese).

Vi que cruzó la calle y que entró en un negocio cuyo letrero

rezaba: “Black and black and black” Tacho Negro para hombres de Negro, o negros”.

Muy sospechoso, sumamente sospechoso, máxime que el tacho era blanco.

El clásico letrero de una tapadera para engañar a polizontes y parapolis como yo.

Nada hacía suponer una excepción lógica o ilógica.

Volvió a la plaza. y me llamó la

atención que fotografiara la palmera mayor de la plaza.

– Quieta un instante, ya está- me pareció que decía con una

especie de silbido mientras le sacaba la foto.

Era algo trastornante. ¿Por qué le hablaba .a la palmera? ¿Estaba loco?

O tal vez la encontraba fotogénica? ¿O no era una palmera?

Eran muchos interrogantes hasta para un detective avezado en cazar pajaritos con trampas.

De pronto me dí cuenta que el Tío Jack me estaba enfocando con su caza paisajes terrestres.

Sentí un escalofrío caliente que me hizo

tiritar del sudor, tenía una mirada fría de láser al infrarrojo de un spiedo.

¡Me arrepentí instantáneamente de haberme metido en el caso, y el caso en el bolsillo!

Experimenté un impulso irresistible de quedarme paralizado que intenté resistir a toda

costa inmovilizando mis pelos mientras me bailaba un rock.

Era como si doscientos ojos me hicieran a la vez el

mal de ojo, y eso que soy tuerto, aunque mi ojo de vidrio suele ser tomado por una bola de

cristal y se usa en adivinación.

El tiempo se había detenido, el espacio comprimido, y

mi conciencia se expandía de prisa a una velocidad vertiginosa, y el policía de la esquina ya

me estaba haciendo una boleta por exceso. ¿Pero qué sucedió luego?

Una voz. como bocina de auto, sonaba en mi mente: ¡Rock. rack, Rick! Marcando un

ritmo pulsátil inquietante.

¿Sería posible que le agradara el rock?

¡Qué dato para el Pentágono! ¿Y para los otros polígonos circunscriptos en el globo

terráqueo?

¡Qué se embromen! (Si quieren informaciones que primero pasen por caja o por sea casa).

Todo pasó en un abrir y cerrar de piernas porque se acercó el Agente de policía que por

escandalizar en la vía pública me llevó a la Comisaría.

Me acuerdo que esa noche vi OvNiS, en sueños extraños.

Un signo realmente inquietante,

quizás una jugarreta inútil de los espaciales: Poner sueños en una

nulidad como yo.

¿Qué significarían? ¿Y si no significaban nada? A veces los sueños eran en la China y se

hablaba en Chino.

¡Qué chasco para analistasl ¡Y además los pobres profesionales tendrían que aprender el

Chino para poder interpretarlos! Y pobres los Chinos mal interpretados.

En realidad, yo ya los había visto con anterioridad en sueños en spanish. Luego –

recuerdo- que me desperté, y me dije.

– ¿Fueron varios sueños? ¿O es un sueño? ¿Sólo un sueño? Caramba, no traje la calculadora.

De todas maneras, los Ovnis: Estaban allí. Y no los podía patentar. ¡Atroz pesadilla!

Si los sueños son proféticos – me dije- éstos quieren decir que los veré de vuelta, y si no,

quieren decir que son sueños.

Claro que pocos creen en los sueños; yo tampoco. Aunque he sido Oniromántico, en vidas

Pasadas, según he soñado.

En honor a la verdad lo peor es que estos platos voladores de los

sueños, malditos artefactos psíquicos, ni siquiera ya se denominan platos voladores, pues

desde hace un largo tiempo se hacen llamar objetos voladores

no identificados soñados, con lo que han adquirido una aureola de respetabilidad y de

misterio científico, sin mengua del incógnito reglamentario.

¿Pero a quien reclamarle?

Ahora me acuerdo de un aforismo no latino que dice en latín: “nulIa dies sine ovni”, es

decir “Ningún día sin un Ovni”.

Y, también por las noches, ya que las otras noches yo

salía del cine, y veo un mirón en plena calle Lavalle, la calle de los cines y de los sueños,

observando la franjita oscura del cielo.

Claro, muchos que transitábamos por la vía nos detuvimos en nuestra marcha patriótica

hacia nuestras casas, y nos pusimos a ver afanosamente, por si los platos voladores.

Se veía un punto imperceptibe bien visible.

¡Cherchez el ovni! Casi quedamos decapitados

Por eso algunos bajamos la cabeza.

Y entonces, comenzaron los comentarios y las discusiones.

¿Qué es? ¿Una estrella? ¿Venus? ¡Júpiter! ¿Júpiter? ¡Sirio!

-No Libano. No. ¡Es un Ovni! ¡UN OVNI! ¡UN OVNI!

Por más que pujara mentalmente: ¡Adelante! ¡Atrás! ¡Derecha! ¡Izquierda!

El puntito no se movía, desafiando nuestras expectativas.

No había ninguna danza acrobática estelar. ¿Por qué no?

Entre el titular de los carteles luminosos estaba quieto en el pedazo de cielo

negro.

– Le digo que es una estrella de cine -se mofaba un flaco a punto del colapso.

Otro muy gritón afirmaba. -Es Venus de filo -y se reía como un pavo.

-Pero no -aseguraban varios -¡Es un Ovni! ¡ES UN OVNI! ¿No ven que es un Ovni?

 

(_°°°° ¡NO, NO LO VEN!)
-Había uno muy gordo que juraba por Júpiter que era Marte.
Otro gritaba: – ¡Me guiñó un ojo!

Profilaxis: ¡Dios nos libre de mirones!

Me cansé de estar allí cuando me dí cuenta que me

habían robado los anteojos.

Todo lo que gané mirando fue quedarme corto de vista.

Por un fenómeno psíquico, la ilusión del Ovni propio muestra

predilecci6n por los que sienten el aislamiento de la especie humana; tales personas suelen

verlos siempre antes o después de un cambio en sus existencias abrumadas.

A la mañana siguiente acompañado por Catalino volví a la plaza Rodríguez Peña.

Allí ya estaba el Tío Jack, tal vez esperándonos.

Me llamó la atención un cartel puesto al lado de su cámara sorpresa:

“Taller artesanal de retratos Ovni. Fotocopias

humanas”.

¿Qué sentido podía tener este letrero?

°°° Hum, que raro -me dije para mi adentro, o mis adentros si llegan a ser varios.

Por mis estudios en psicovnis sabía que los

hombres de negro se comunicaban telepáticamente, directamente por la

imaginación, y raramente por la palabra.

Durante años yo había experimentado con las cartas Zenner y con otras barajas muy

divertidas, y me creía capaz de transmitir cualquier signo o símbolo a cualquier djstancia o

lugar por lejano que estuviera el garito espacial.

De manera que le di a entender a Catalino

que nos sentáramos en un banco de la plaza y que me dejara concentrarme o mejor en Marilyn.

Mi convicción era que se debe imaginar con la visión del ovni o del

Extraterrestre, viendo con la mirada de la mente el deseo realizado.

¿Pero como imaginar un Extraterrestre? ¿A qué se parece?

Se dirá. -Es fácil distinguir un Extraterrestre de tu cara en el espejo.

El Extraterrestre tiene un no sé qué, que no se le nota, como las antenas retráctiles.

A veces mide tres metros, aunque no juegue al basquet, otras cinco, o seis.

Como los hombres, todo depende del centímetro

con que se lo mida, salvo que no se deje medir.

Pero eso no constituye ningún problema. Así este asunto complicado es de sencillo.

El problema reside en que algunos de esos Extraterrestres

parecen terrestres como nosotros, aunque yo dicen que soy Lunático.

Aquí sí hay problema, porque confunden a cualquiera.

Cerré los ojos y para empezar comencé a imaginarme un cigarro volador, y a oler humo.

Noté que alguien se sentaba a nuestro lado.

¿Qué olor tan raro? -me dije-. A Extraterrestre, o a perro mojado.

Abrí los ojos porque me agrada la amistad sin misterios.

-¿Un cigarro negro? – me invitó el Tio Jack- apartando uno de un atado color negro.

– No gracias -repuse temiendo que me dopara.

¿Seria pura casualidad, coincidencia sincrónica, o había algo más?

Este algo más es lo que nos apasiona a los detectives que nos gusta inspeccionar debajo de

polleras y de alfombras..

Se había hecho de noche. Una noche cerrada, compacta, e impresionante.

Lo advertí porque estaban prendidos los faroles de alumbrado de la plaza.

-¿Qué pasó con el día? -no pude menos que casi gemir de sorpresa.

En ese momento imprevisto, el campanario de la cercana

Iglesia del Carmen dió la campanada.

La una de la medianoche. Era sintomático y sin importancia.

En los canteros de la plaza se veían niños

jugando saludablemente que

podían ser enfermizos enanos disfrazados.

°°° ¿Hay un cadáver allí?- pensé.

El Tío Jack que por lo visto escuchaba mis

pensamientos fue derecho a la cuestión hablando con un

sonido parecido aun bufido:

-Averiguaciones – me dijo – Mi nombre no es Jack, ni por fortuna soy tu Tío, sino una

serie de números simulados como el Random de vuestras infantiles computadoras.

Y agregó:

– Negro, nací en un hueco negro en el negro espacio negro. Un lugar no tan extraño después de todo para muchos de vosotros acostumbrados a estar

en tinieblas. Soy de antimateria. No me toques.

Dí un salto. Ese soy yo: Corajudo en tener miedo.

Si un hombre se encuentra con un Extraterrestre de antimateria cara a cara no puede

guardarse el susto tan rápido en el bolsillo.

-Por ésto es que no nos juntamos con los humanos, y no por otra cosa -agregó.

Era el típico callejón sin salida. Yo estaba como embrujado, a menos que antes me hubiese

tomado una copa. No me acuerdo..

-¿Qué hace aquí en la plaza? -era la pregunta obligada aunque el “no por otra cosa” quedó

flotando en mi mente aguada por el contacto con un cerebro de

tipo oceánico.

Pensé con lógica de desconfiado investigador: Si nos eluden es porque son

vulnerables.

-Papá, ¿Qué hago en la plaza? -siseó- iJe,je! Hacernos hombres, y de hombres, y cuidar que

el cigarro volador nadie se lo fume.

-¡Admirable! -atiné a contestar. -¿Pero qué cigarro volador? -no pude menos que preguntar

ya que no se veía nada que se pareciera a un habano, excepto nosotros mismos.

El ex tío Jack no se andaba por las ramas, sino que estaba por la palmera:

-La palmera imitada que está ahí, .es un cohete camuflado. Esta plaza es una zona

posicional excelente para viajar al campo de la irrealidad, frontera de

vuestra inteligencia; vosotros perteneceís al universo o singular, y nosotros al Diverso o

plural.

En un intervalo entre vuestras películas mentales

de tiempo Epsilon, imperceptible por el ojo humano, la copa oscilante helicoidal rota. y

sale

el cigarro volador -la palmera- al firmamento omnisciente, tan rápido que ningún ojo de

hombre es estrobóticamente capaz de verlo.

Fantásticamente simple. ¡Vaya bergantín!

iOlé! Así entraban y salían en pleno centro de Buenos Aires.

Era increíble. Más rápido que la vista humana.

A una velocidad donde el sonido se convierte en un agujero de silencio

inaudible,

¡PRESTIDIGITADORES DEL ESPACIO TIEMPO!

 

¡De ésto se trataba! (O de lo que te parezca).

El ser humano está siempre en el ahora y ésto sucedía fuera de ese ahora.

La palmera iba a la velocidad de la oscuridad, mucho más veloz que la de la luz,

finalmente, de golpe y sin porrazo, en una fracción de tiempo infinitesimal, tan

inímaginable para la mente, se detenía.

¿y quien le presta mayor atención a un árbol?

¿A una palmera?

Que está dotada de masa gravitaforia negativa que la tierra rechaza.

¿Quién iba a sospechar de una palmera?

¿Quién?

-Así es no más, y ahora tengo el gusto de presentarles a JUAN NOBLABLÁ, y a

CATALINO – masculló en una incomprensible jeringoza que capté perfectamente pues

 

es lo que es como he hablado toda mi vida por lo que nadie nunca me entiende.

Miré para el costado izquierdo y recién me dí cuenta que al lado mío estaban dos hombres.

Eran los tipos más ordinarios del mundo. Unos calcos nuestros diríase.

Inútil pedirles los documentos.

Se trataba de nuestros dobles o CLONES.

Conozco a mucha gente doble pero no tan dobles como eran éstos.

El ex tío Jack continuó: Les digo todo ésto porque ustedes están por

hacerse un viajecito a Negrura, para una terapia espacial.

Todos vosotros naceís hombres; pero solamente algunos elegidos llegan a ser

humanoides.

 

– Pero yo no quiero -me animé a exclamar.

– Quítate el veneno de la vida, es por tu bien, vendrás con nosotros, V

también Catalino -aseguró. -Vamos, anímate, arrímate al polvo estelar.

Me daba el infarto. No quise contradecir esta última aserción.

Me dí cuenta que estaban por suplantarnos, que los sosías los habían

copiado de la fotografía del día anterior.

Sin pensarlo, para no ser descubierto, toqué

con el cigarro de mi pistola rebenque 45 a los tres de antimateria que se hicieron

humo sin funerales, y en menos de un parpadeo, los enanitos se metieron en la palmera,

que literalmente desapareció, porque no la ví moverse.

Todo terminó sin que se cayera un coco, ni siquiera agua de coco. ¡Y pensar que tenía sed!

Aprovechando mi viaje a la Polinesia, Catalino me ha encargado investigar si las

palmeras allí son o no cigarros voladores.

¡Qué vacaciones!

¡Vaya con los Ovnis!

Grand Jovialiste, escritor (Dr. Eduardo Brieux Clement, abogado).

NOTA A PIE DEL RELATO:

Luego de leer el relato reflexione que cuando fue publicado en 1.985 nada se sabía ni se sospechaba ni se hablaba de la posibilidad de la CLONACIÓN HUMANA NI DE LA NO HUMANA, ya ambas una realidad.

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Ahora VAYA CON LOS OVNIS (1.985), segunda edición 2.002 (electrónica).

En este cuento se plantea una de las hipótesis reales sobre el fenómeno Ovni, y se la desarrolla dentro de la ficción de dicho relato.

En esta Tierra es raro que todos estén de acuerdo. Ni siquiera nosotros estamos de acuerdo con nosotros mismos. O nosotros mismos con nosotros.

Es común, el desacuerdo sobre cualquier tema. Y si no hay tema, sobre su ausencia.

Los que no creen expresan que: Los Ovnis no existen.

¿Y este cuento? ¡Es sobre Ovnis! ¿No?

¿Acaso voy a perder el tiempo con algo inexistente?

En materia de Ovnis, hay quiénes han sido veraces, y en cambio, otros fueron mendaces.

Espero que me coloques dentro de la segunda categoría, pues este relato es un cuento. Te lo digo, un cuento.

Pero volvamos nuestra vista a la figura de los que dudan. ¿Tu? ¿O yo? ¡O los dos! ¿Todos? ¿O nadie?

No, si hay muchos….

En algunos casos, este desconocimiento de la existencia o de la presencia de los Ovnis ocurre porque nos puede parecer que sienta bien munirnos de respetable escepticismo.

Viste de formal, de difícil de engañar, y de racional.

_ ¿De pensadores independientes, eh?

“TENEMOS QUE MIRAR CON ADMIRACION AQUELLO QUE NO ENTENDEMOS”. RUDOLPH STEINER.

(Por eso he copiado esta sentencia que admiro).

En otros, porque queda muy bien alinearse con el prejuicio general, y especialmente, no desafiarlo.

En algún momento de la historia, los Ovnis pasarán a ser cognoscibles.

Ya sea por la afirmativa, o por la negativa, o por las dudas.

¿Todo listo? Todo en orden.

Lo que puede no tardar tanto en concretarse, tal vez unos pocos siglos.

Vienen y se van a toda marcha. Me estremezco. ¿No notan el viento ascendente, y el viento descendente?

Claro que se demoran. Mala señal.

“NOS MOVEMOS EN LO IGNOTO, PERO NO EN LO IMPOSIBLE”, opina RAY BRADBURY en ¿LLEGAREMOS ALGUN DIA, A TOMAR CONTACTO CON LOS EXTRATERRESTRES?

Preparé todo para pasar en vela la larga noche de los escepticismos, que puede durar tampoco se sabe cuántos millones de noches.

 

 

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ILUSTRACIONES:

1. LUGAR DEL FIRMAMENTO DE DONDE PROCEDEN LOS TÍOS JACK.

2. UN TÍPICO COHETE PALMERA CAMUFLADO.

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